Con los años VIII


Capítulo 8: Doce Años

Su primer beso. Elena le había dado su primer beso y a ella le gustaba pensar que también había sido el primer beso real para la morena sin contar aquel desagradable incidente con el comemocos de Noel a los siete años. Si, mejor olvidarlo.

Obviamente no había sido el beso más espectacular del mundo porque ambas tenían doce años y ni idea de lo que estaban haciendo, pero para ella fue el mejor beso que nadie hubiese recibido jamás. Ni siquiera le pareció raro sentirse así tras ser besada por su mejor amiga, no le dio más vueltas, no cambió nada entre ellas…tal vez cambió algo en ellas pero ninguna de las dos hizo nada que demostrara que aquel beso había removido algo en su interior. Siguieron pasando noches la una en la cama de la otra, hablando muy bajito y riéndose de tonterías, durmiéndose abrazadas. 

Daniela no se sintió diferente con respecto a Elena tras su beso, más bien siguió sintiéndose como hasta entonces, era natural para ella sentirse así cerca de la morena, desear pasar las veinticuatro horas del día juntas, encontrarse muy mal si Elena decidía acercarse a otro niño…siempre se había sentido así y nunca le había buscado nombre pero a medida que crecía iba dándose cuenta de que las cosas que ella sentía por Elena eran muy parecidas a las cosas que sus compañeras de clase comenzaban a sentir por los chicos. Ummm…interesante.

Y puede que fuera una ingenua, una niña viviendo dentro de su propia burbuja y ajena al mundo exterior, pero a los doce años ni siquiera conocía el significado de las palabras “gay”, “homosexual” o “lesbiana”. Ella solo sabía que se sentía increíblemente bien cuando estaba con su mejor amiga. Le encantaba estar cerca de Elena. Si a eso se le sumaba el hecho de que el besar a la morena le había gustado mucho tenía una pieza más que encajaría en el rompecabezas cuando fuera lo suficientemente madura como para empezar a ensamblarlo. De momento solo eran piezas sueltas. 

Daniela y Elena a los doce años… 

Aquel sábado no iba a ser un sábado cualquiera, se notaba en el ambiente. Aquel sábado Sara Montiel celebraba su cumpleaños, doce años ni más ni menos. Había sido una semana de locura en aquella clase de sexto grado, sobre todo el lunes y el martes porque habían sido los días elegidos por Sara para repartir las invitaciones a los afortunados. Uff…aquellos días la tensión podía haberse cortado con un cuchillo. Las respiraciones se detenían en cuanto llegaba la hora del recreo y Sara sacaba aquellos pedazos de cartulina que garantizaban el acceso a uno de los eventos más esperados del curso escolar. Habían sido dos días de pura agonía, alegría para los invitados y decepción para los rechazados. 

Elena y Daniela no se habían preocupado demasiado, la buena relación de la castaña con la cumpleañera les garantizaba a ambas la asistencia a la fiesta del sábado y de todos modos habían sido las primeras en recibir sus invitaciones. Después de aquello básicamente se habían dedicado a mirar como el resto de sus compañeros sufrían la incertidumbre del que no sabe. Dos días agotadores emocionalmente hablando pero ya estaban a viernes. 

Siete chicas y seis chicos acudirían al evento. Las chicas habían sido invitadas primero y entre ellas habían decidido que chicos serían los afortunados, evidentemente solo los más guapos y populares habían recibido el pedazo mágico de cartulina. La creme de la creme de los integrantes del género masculino de su clase.

Se encontraban en el recreo del día de antes de la fiesta y eso significaba reunión obligada de todas las invitadas. Las reuniones de aquel tipo se celebraban junto al gimnasio, bajo las escaleras de incendios y allí se encontraban las siete. En esos momentos hablaba alguien que ni Daniela ni Elena comprendían como había conseguido ser invitada por Sara. Rosa. 

- No sé porque hemos invitado a Noel …¡se come los mocos! Lleva comiéndose los mocos desde primero de infantil. No sé como es que sigue siendo color carne, debería ser verde- señaló con disgusto. 

- Es guapo- determinó Sara - Lo hemos invitado por votación- añadió. 

- ¡Está obsesionado con Elena!- volvió a indicar- Bstida estarás contenta, seguro que puedes besarle cuando juguemos a la botella- le picó Rosa. 

Uggghhh…la botella. Ninguna de ellas sabía en que consistía aquel juego hasta que Rosa se lo explicó el miércoles en la reunión de media semana. Por lo visto había escuchado a su hermana mayor y a sus amigas hablando de ello. Habían votado ¿juego de la botella en la fiesta si o no? Y desgraciadamente los resultados habían sido cuatro votos a favor y tres en contra. Las votaciones eran secretas así que ni Elena ni Daniela sabían de quién procedía el tercer voto negativo. No importaba, la triste realidad era que después de la merienda todas deberían sentarse en círculo y girar la botella en busca del chico al que debían dar un beso. Elena no se molestó en contestar a la burla y sonrió cuando Daniela le tiró a Rosa una bola de papel de aluminio con el que Ingrid había envuelto su almuerzo aquella mañana. Se le quedó enredado en el pelo y ni siquiera se dio cuenta. Perdedora. 

- Todo el mundo debe estar en mi casa a las cinco y media- les recordó la organizadora del evento- ¿Alguna pregunta?- inquirió mirando a sus invitadas.

Suspiró al ver como Lisa levantaba la mano- Si Lisa, habrá sándwiches vegetales y ya le he dicho a mi madre que eres alérgica a la mantequilla de cacahuete y al chocolate- adelantó su respuesta a la pregunta de la niña. 

Lisa Andrade, una niña vegetariana con alergia a la mantequilla de cacahuete y al chocolate. Menuda infancia.

Daniela también levantó el brazo pidiendo su turno para formular una pregunta. 

- ¿Si Daniela?- inquirió Sara interesada. 

- Me gustaría saber si es completamente obligatorio participar en el juego de la botella- dijo. Rosa soltó una risita al oírla y se volvió hacia ella. 

- Vamos Santiago, sabemos que aún nadie ha tenido el disgusto de besarte, pero puedes practicar con el brazo antes de la fiesta, así a lo mejor no haces el ridículo- se metió con ella. 

- ¿Cuántos te han besado a ti?- curioseó Elena y Rosa le miró. 

- Seguro que más que a ti- contestó molesta por la intromisión. ¡Jesús! No podías meterte con la una sin que la otra saltara a la yugular…

Elena iba a contestarle cuando Sara intervino. No quería peleas entre las invitadas a su fiesta. 

- Si, es obligatorio el jugar. Pero no te preocupes, a lo mejor te toca besar a Roberto- señaló guiñándole un ojo. 

Daniela intercambió una mirada de disgusto con Elena. ¿Desde cuando el que le tocara besar a Roberto podía considerarse como algo bueno? ¿El mundo se había vuelto loco o que?

Sin más el recreo terminó y con él la super reunión pre-fiesta de cumpleaños. Tuvieron que apresurarse en llegar a clase a tiempo y en la mente de Daniela Santiago se repetía un pensamiento y solo uno, en un bucle atemporal sin principio ni fin…cabía la posibilidad de que tuviera que besar a Roberto al día siguiente y era un hecho que le tocaría besar a alguno de los otros invitados. Y seguro que el inventor del dichoso juego de la botella estaba por ahí tan feliz. ¡Inconsciente! No tenía ni la menor idea de lo que su estúpido juego había provocado. Podía haber dedicado su vida a crear algo más útil para la raza humana, como había hecho el inventor del chupa chups, por poner un ejemplo. 

Por fin las clases terminaron y Elena y ella caminaban hacia sus casas. La morena iba dándole pataditas a una piedra, pensando en porque demonios le molestaba tanto la idea de que Daniela se viera obligada a besar a uno de aquellos babosos al día siguiente, ella también tendría que hacerlo y tampoco aquella perspectiva le entusiasmaba demasiado. 

- Elena…-le sacó de sus pensamientos la castaña. 

- ¿Qué?- contestó sin desviar su atención de la piedra que se había propuesto llevar hasta su casa. 

- ¿Puedes venir antes esta tarde?- le pidió. Aquella tarde habían quedado en casa de Daniela a las seis en punto, noche de cine. 

- ¿Por qué antes?- pidió más información a pesar de que su respuesta iba a ser que sí de todas formas. 

- Porque a ti te han dado un beso y a mi no y no quiero hacer el ridículo mañana en la fiesta de Sara - admitió recordando las burlas de Rosa. 

- ¿Un beso? Apenas me rozó los labios Daniela, me babeó toda la barbilla. Y fue cuando tenía siete años…-le recordó Elena- Y fue asqueroso…- añadió. 

- ¡Pero fue un beso! A mi ni siquiera me han babeado la barbilla- rebatió- Además así podemos practicar juntas con el brazo y decirnos si lo hacemos bien…¡por favor Len!- suplicó colgándose del brazo de su amiga. 

- Buff…vale, pero espero que tengas en cuenta que voy a tener que pasar de la lección de poker con mi padre por ayudarte- le dijo. 

- Eres la mejor amiga que una chica podría tener- admitió la castaña besándole la mejilla como agradecimiento. 

- De todas formas no entiendo porque te preocupa tanto lo que esos babosos piensen…ni siquiera te gustan- se encogió de hombros Elena. Porque no le gustaban ¿verdad? Ninguno de ellos le gustaba ¿no? No podían gustarle porque…porque…¿Por qué? ¿Por qué no podían gustarle? Ummm…era una pregunta para la que no tenía respuesta aún. Simplemente no podían gustarle y punto. 

- Pero no quiero que vayan por ahí diciendo que beso mal, que babeo o algo- admitió. 

- Aghhh…espero que no beses como el baboso de Noel - rió Elena. 

- ¡De momento no beso de ninguna manera!- se lo recordó la castaña. 

Sin darse cuenta habían llegado al lugar donde sus caminos se separaban, las casas de ambas estaban a cinco minutos andando de allí. Tras asegurarle a Daniela que estaría en su casa a las cinco Elena prosiguió su camino llevándose su piedrecita con ella. La castaña le vio alejarse y suspiró aliviada, si Elena iba a ayudarle todo marcharía bien. 

*****

¡Eran las cinco y diez por dios! ¿Dónde se había metido Elena? Si se pegaba un poco más a la ventana se fundiría con el cristal pero no le importaba, lo único que importaba en aquellos momentos era que la dichosa Elena Bastida cumpliera su palabra y apareciera por el camino de tierra que llevaba a su casa. 

¡Por fin! Ahí estaba. Pedaleando y con la mochila llena de las cosas necesarias para pasar la noche cargada a la espalda. La bicicleta continuaba haciendo ese desagradable sonido chirriante intermitente. ¡Llevaba más de un año así! Elena trató de saludarle con una mano al divisarla pegada a la ventana pero perdió el control del manillar y tuvo que abortar el gesto por el bien de su integridad física. Daniela rió por lo bajo, que ridícula era su mejor amiga a veces. 

Le abrió la puerta sin necesidad de que la morena llamara y la arrastró escaleras arriba arrebatándole la mochila, depositándola sobre la cama y tirando de ella escaleras abajo de nuevo. Elena no preguntó nada, sabía lo que su amiga estaba haciendo, buscaba intimidad para poder practicar besando su brazo sin que Ivan la sorprendiera y se pasara el resto de su vida riéndose de ella. Iban a la casa del árbol, tan seguro como que había comido puré de papas aquel día. Saludaron a José rápidamente al atravesar la cocina como unas centellas para salir por la puerta de atrás.

- ¿Sabes que mi madre quería saber porque habíamos quedado una hora antes?- le informó Elena mientras ambas trepaban por los escalones de madera hacia la puerta de la cabaña. 

- ¿Qué le has dicho?- quiso saber la castaña con medio cuerpo ya dentro de la estructura de madera. 

- Que te tenía que enseñar a besar bien porque babeas como un perro- se burló y rió cuando Daniela le dedicó una mirada de advertencia- Le he dicho que era un secreto- admitió- Nunca se interesa cuando le digo eso, piensa que nuestros secretos son aburridos ¿te lo puedes creer?- dijo ofendida sentándose al estilo indio en el suelo frente a su amiga. 

Las dos se miraron en silencio. Preguntándose lo mismo sin necesidad de palabras “¿Y ahora que?”. 

- Tenemos que darnos prisa. Mi madre saldrá a buscarnos en cuanto empiece a oscurecer- le presionó la castaña- ¿Qué hago?- inquirió. 

- No lo sé- se encogió de hombros Elena- ¿Darte un beso en el brazo?- sugirió apoyando su barbilla en las palmas de sus manos mientras observaba a su amiga- Yo te diré si lo haces bien o mal. 

Daniela accedió y se miró el brazo. 

- Mmmm…voy a subirme la manga del suéter- decidió procediendo a ejecutar la tarea. 

- Buena idea- asintió Elena mirándole muy atenta. Quería desempeñar su misión lo mejor posible. 

Sin más, Daniela miró a su amiga para asegurarse que prestaba la máxima atención y besó su propio brazo durante unos segundos. 

- Tienes que cerrar los ojos Daniela…en las películas siempre cierran los ojos cuando se dan besos- indicó Elena y su amiga obedeció cerrando sus párpados- Y tienes que mover los labios un poco, no puedes simplemente dejarlos ahí quietos…-dio más indicaciones. Daniela trató de seguir los consejos de su amiga pero era raro estar besando su propio brazo y al cabo de varios segundos dejó de hacerlo- ¿Tienes muchas babas en el brazo?- preguntó la morena. 

- Mmmm…no- lo comprobó Daniela. 

- Genial, al menos no besas como Noel - le animó y la castaña sonrió. 

- ¿Lo he hecho bien?- inquirió. 

- No lo sé con seguridad…solo te estabas besando el brazo…pero creo que si- concedió- Vale. Ahora voy a hacerlo yo y tu me miras- decidió Elena subiendo también la manga. 

Daniela se preparó para juzgar el beso de Elena a su brazo. Buff… Elena era una profesional, cerraba los ojos y movía los labios sin necesidad de que le dijera media palabra. ¿Qué podía enseñarle ella a la morena? Nada. Nada de nada. 

- Ha sido el mejor beso a un brazo que he visto nunca- le alabó la castaña cuando Elena le miró interesada por su opinión. 

- Es el único beso a un brazo que has visto nunca, idiota- rió su amiga pegándole una patadita a su zapato. Daniela también rió- Venga sigamos practicando un poco más- le animó. 

Y lo hicieron, tal vez se pasaron en aquella cabaña un cuarto de hora dándose besos en el brazo, depurando su técnica. Pero Daniela pronto se cansó de aquello. 

- Len…es ridículo darnos besos en el brazo- admitió por fin mientras la morena continuaba besando su extremidad- Elena…- le llamó otra vez.

- Mmmm…si Elena, sigue, besas de miedo…- dijo la morena fingiendo una voz extraña atacando de nuevo su brazo. Daniela rió empujándola y consiguiendo que cayera de lado en el suelo sin poder contener su risa por más tiempo- Si, es ridículo besar nuestro propio brazo- aceptó al fin sentándose bien de nuevo. Miró a su amiga en silencio por un momento. 

- Bésame a mí- sugirió Daniela tranquilamente y Elena frunció el ceño. 

- ¿Cómo?- quiso saber si había oído bien. 

- Que me beses a mí, tu bésame a mi y yo te besaré a ti y así sabremos lo que hacemos bien y lo que hacemos mal- explicó. Su amiga le miró meditando la propuesta- ¿Te da asco besarme?- interrogó la castaña ante la reticencia de Elena. 

- ¿Qué? ¡Claro que no!- lo negó- Pero…-dudó.

- Dijiste que no te daba asco darme besos a mi- le recordó la castaña. La chica también sonrió pero su gesto dejaba entrever que seguía sin estar convencida del todo- ¿Quieres o no quieres? Eres mi mejor amiga, no voy a babear, no quiero hacer el ridículo mañana…-señaló la chica.

La morena le miró en silencio meditando su propuesta. Besar a Daniela. Besar a su mejor amiga. Le sorprendió que no le disgustara el planteárselo. La idea de besar a Daniela no le sorprendía, ni le incomodaba. Además…era su mejor amiga y necesitaba ayuda. Era su deber el prestarse a aquel experimento ¿verdad? 

- Vale…- aceptó Elena por fin asintiendo también con la cabeza. Siempre se dejaba arrastrar por la castaña a donde fuera y esa vez no iba a ser diferente. 

Daniela le miró satisfecha por su triunfo. La perspectiva de besar a su mejor amiga le era mucho más atrayente que el tener que besar a cualquiera de los invitados a aquella fiesta. Se acercó a la morena hasta que ambas estuvieron sentadas frente a frente y Elena levantó su mano pidiendo tiempo muerto.

- Espera un momento- dijo rebuscando en los bolsillos de su cazadora y sacando unos cuantos caramelos- Fresa, cereza, menta o naranja. ¿A que prefieres que sepa tu primer beso de prueba?- inquirió. 

- A fresa- contestó la castaña sonriendo mientras Elena se deshacía del envoltorio y se metía el caramelo a la boca. Imitó a su amiga en cuanto esta le tendió otro dulce del mismo sabor. 

Las dos chuperretearon los caramelos hasta que se consumieron totalmente en sus bocas. Ya estaban listas para evaluar su técnica mutuamente. 

- ¿Lista?- inquirió Elena cuando las dos volvieron a mirarse frente a frente. 

- Lista- aseguró la castaña. ¡Madre mía de repente su corazón estaba latiendo anormalmente rápido! Bah…seguro que no era raro, porque estaba a punto de dar su primer beso a otro ser humano, no importaba que ese otro ser humano solo fuera Elena. Y aquella sensación en la boca del estómago también debía ser perfectamente corriente en esas situaciones. 

La morena siempre se había preguntado como sabría si tenía que inclinarse ella o dejar que lo hiciera la otra persona o cuando era el momento exacto en el que debería cerrar los ojos, siempre le había preocupado que sería raro y no lo fue. Al menos en aquel beso de ensayo no lo fue. Encontró los labios de Daniela a medio camino y los ojos se le cerraron solos sin necesidad de controlarlo ella conscientemente y tampoco tuvo que pensar en como quería mover sus labios sobre los de su amiga porque simplemente respondían automáticamente al roce del otro par. Y sabía a fresa. El beso sabía a fresa.

A Daniela le parecía que ambas lo estaban haciendo muy bien, y no tenía que haberse preocupado tanto por el primer beso ya que, por lo que podía comprobar en aquel momento, ¡salía solo! Sus labios se adaptaban a la perfección a los de la morena y todo era muy fácil. Besar era muy fácil. Y como extra, sabía a fresa. 

Segundos después las dos chicas se apartaron mirándose a los ojos, un poco faltas de aire y con sus corazones golpeándoles fuerte en las costillas. Tras un breve contacto visual ambas desviaron sus miradas, al suelo, a la ventana…a cualquier sitio, porque…wow. No eran expertas en besar ni nada de eso pero… ¿aquel beso de prueba había sido muy bueno o que?

Por unos segundos ninguna de las dos supo que decir o que hacer. Finalmente Daniela sacudió la cabeza y volvió a mirar a su mejor amiga. 

- No es asqueroso Elena- fue lo primero que le dijo Daniela. Su amiga le había mentido vilmente a la edad de siete años- No es más asqueroso que pisar una caca de perro descalza- citó el símil utilizado por Elena cinco años atrás. 

- No ha sido asqueroso ahora pero lo fue con Noel - se defendió la aludida dejando atrás aquella extraña sensación, era Daniela a quién tenía delante, solo a Daniela- A lo mejor es solo porque Noel es un baboso- se encogió de hombros- Tu no eres una babosa- le dijo. 

- Gracias- sonrió la castaña ante tal cumplido- Tu tampoco eres una babosa- se lo devolvió y Elena también sonrió. 

- Gracias. Seguro que no haces el ridículo mañana Daniela, no te preocupes- le aseguró la morena. 

Uggghhhh…si, al día siguiente debían besar a cuantos chicos señalara una estúpida botella de plástico. Se le había olvidado completamente. Y era raro que lo hubiese olvidado porque…¿no se suponía que el besar a Elena era solo un medio exclusivamente dirigido a esa ocasión? Ummm…

*****

Si, era asqueroso. Más asqueroso que pisar una caca de perro descalza. Elena había tenido razón desde el principio. 

La mierda de botella le había obligado a besar a Roberto y el niño le había dejado babas alrededor de toda la boca, parecía que en vez de besarla quería comérsela, así, sin pan ni nada. Ughhh…Elena podía enseñarle un par de cosas en cuanto a besar a damas se refería.

Y para colmo de males Elena había tenido que besar a Raúl…¡dos veces! Ella había visto como aquel niño se metía en la boca puñados y puñados de papas con sabor a barbacoa justo antes de sentarse en el círculo. Elena odiaba aquellas papas. Pobre Elena. Primero “Noel el comemocos baboso” y luego “Raúl a la barbacoa”… menos mal que aún tenía su beso de prueba para mantener la fe. Y aparte de la lástima evidente por su amiga, había sentido algo más al verla besar a aquel chico en las dos ocasiones, no sabía que era pero no le gustaba nada de nada.

Antes de que la tortura, o juego, les bendijera a todos con su finalización, había tenido que dar dos besos más. Uno a “Raúl a la barbacoa” y otro al niño más popular de la clase en aquellos momentos. Miguel. Y sería el más popular pero en vez de besar succionaba. Cuando lo hablara con Elena le propondría que le bautizaran con el sobrenombre de “la ventosa humana”. Su amiga estaría de acuerdo, seguro, había tenido que besarle también. 

Por fin todo terminó y los invitados a la fiesta pudieron irse a su casa. Sara vivía muy cerca de la casa de Elena así que tanto los padres de una como los de la otra les habían dado permiso para ir y volver en sus bicicletas. Daniela pasaría aquella noche en casa de los Bastida. Echaron una veloz carrera que, como siempre, ganó la castaña y tiraron sus bicis en mitad del jardín antes de correr hasta la puerta y abrirla con las llaves que Laura le había dado a su hija. Ingrid también le había dado un juego a ella. ¡Eran lo suficientemente mayores como para tener sus propias llaves!

*****

Ninguna de las dos cenó nada antes de irse a la cama, sus pancitas estaban llenas aún con la cantidad de sándwiches y de chucherías que habían ingerido en la fiesta. Hasta que sus cabezas no estuvieron una junto a la otra sobre la almohada no comenzaron a compartir sus impresiones sobre sus primeros besos con aquellos chicos.

- Tenías razón Len…es asqueroso como pisar una caca de perro- opinó Daniela.

- Te lo dije- sonrió la morena mirándole divertida. 

- Pero…no fue asqueroso ayer- indicó Daniela algo reacia a sacar el tema, aquel beso con Elena había sido mil veces mejor que los que había recibido aquel día. ¡Que todos juntos! 

- No, no lo fue- admitió pensativa su amiga y la castaña se quedó también en silencio por unos segundos- ¡Pero porque sabíamos a fresa!- explicó al fin saliendo de sus cavilaciones. Debía ser eso. Porque sabían a fresa- Aghhh… Raúl sabía asqueroso…

- Se ha comido él solo toda la bolsa de patatas a la barbacoa- apuntó la castaña y rió al ver el gesto de disgusto de la cara de su amiga. 

- Daniela…mis besos dejan de ser gratis de nuevo, y sube el precio a diez mil piezas de oro- decidió y la castaña soltó una risita al oírla- ¿Crees que son muy caros?- pidió su parecer. 

- No, creo que un beso tuyo debería de valer como un millón de piezas de oro- admitió. Y lo decía de verdad. 

- Hecho entonces. Un millón de piezas de oro por besar a Elena Bastida- zanjó el tema- Dan…prométeme que nunca jamás vamos a jugar al juego de la botella. Nunca- le pidió mirándole de frente. 

- Te lo prometo- accedió fácilmente la castaña. Elena sonrió satisfecha- O si jugamos deberíamos repartir un caramelo de fresa a cada participante- sugirió. 

- Es una buena idea- coincidió la morena acomodando su cabeza en el hombro de su amiga como siempre hacía- ¿Crees que alguna vez encontraremos a un chico que no eche babas y que no succione y que sus besos sepan a fresa?- le preguntó a Daniela. 

- Claro…y cuando lo encontremos sabremos que es él con quien nos tenemos que casar- dio por sentado bostezando después. 

Le contagió el bostezo a su amiga y las dos soltaron unas risitas por la coincidencia. Y ninguna era del todo consciente aún de su significado, pero para cuando se quedaron dormidas había algo, un pensamiento, una sensación, suspendido entre el resto de pensamientos y sensaciones que inundaban sus cabezas adolescentes. 

Que hubiera sabido a fresa no era lo único que había hecho aquel primer beso de prueba tan especial

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