Con los años XI

Capítulo 11: Quince Años

Todo había ido increíblemente bien después de aquella noche de brujas, no más peleas por el extraño comportamiento de Daniela porque ya no era extraño. De cara al resto del mundo las dos seguían siendo amigas, lo habían discutido y era lo mejor por el momento, mantenerlo en secreto. Y al principio cuando estaban solas no pasaban de besarse y cogerse de la mano, pero los besos cada vez eran mejores porque con cada uno de ellos Daniela aprendía como le gustaba a Elena y Elena aprendía como le gustaba a Daniela y tras un tiempo los besos de Daniela eran perfectos para Elena y los de Elena para Daniela. No aprendieron a “besar”, aprendieron a besarse. En la cabeza de ninguna de las dos cabía la posibilidad de compartir aquello con nadie más. Nunca. Era algo solamente suyo.

Los besos habían ido haciéndose cada vez menos inocentes a medida que los catorce quedaban atrás y los quince se les echaban encima. Debido a una conversación entre Ivan y Marco, que Daniela había escuchado al encontrarse “accidentalmente” pegada a la puerta de la habitación de su hermano en esos momentos, Elena y ella habían experimentado poco después de aquella noche de brujas con otro tipo de besos. Besos con lengua. Al principio la morena no había estado muy convencida. Al principio. Luego si.

Y así habían pasado el resto de sus catorce, aprendiendo juntas y era muy fácil aprender con Elena, porque todo parecía venir naturalmente con ella, y cada día querían aprender más. 

Llegaron los quince y las manos dejaron de estar en la cintura de la otra mientras se besaban y comenzaron a explorar, a probar que pasaba si tocaban aquí y que pasaba si acariciaban allá y lo que pasaba al tocar aquí o al acariciar allá les gustaba a las dos. Buff…les gustaba mucho. Y sin ellas proponérselo, sus propios cuerpos cada vez les pedían mas la una de la otra.

Era fácil poder encontrarse a solas en la habitación de Elena o a solas en la habitación de Daniela sin levantar ningún tipo de sospechas. ¿Por qué iban a sospechar? Había sido así desde siempre, las mejores amigas ¿verdad? Aquello simplificaba mucho las cosas, aunque, algunas veces era muy difícil el actuar como si nada delante de sus padres o de Ivan. 

Habían conseguido mantenerlo en secreto mucho tiempo, y de alguna forma eso lo hacía aún más especial. Tuvieron que aprender a comunicarse sin palabras, en clase, en el patio del instituto, cuando otra gente estaba a su alrededor, y lo hicieron, llegó un punto en que una sola mirada, un gesto, les decían todo lo que necesitaban saber y se había mantenido así a través de los años, hablaban sin necesidad de palabras. 

Daniela y Elena a los quince años…

Viernes. Viernes. Viernes. 

Viernes de cine, por supuesto. ¿En casa de Daniela? Emmm…no. Demasiada gente. Esa sesión de cine la celebrarían en casa de la morena…sus padres se marchaban…¡todo el fin de semana! Se iban esa misma tarde a un balneario o algo así, tampoco habían sido muy específicos y Elena no había preguntado demasiado porque desde hacía un tiempo en cuanto se enteraba de que sus padres no iban a estar en casa su cerebro se ponía inmediatamente en funcionamiento, buscando la forma más eficaz de aprovechar ese tiempo con Daniela. El objetivo final era ocupar los espacios de casa vacía con “tiempo a solas de Daniela y Elena”. Un poco tipo Tetris, no debía quedar ni un huequito vacío. “El tiempo a solas de Daniela y Elena” tenía que rellenarlo todo.

Y este era el plan para aquella tarde: Antonio y Laura se marchaban a las cinco y media así que Daniela estaría allí a las cinco en punto. Les dirían adiós con la mano y “Voilá”, la casa para ellas solas toda la noche. Si, toda la noche. Tristemente no todo el fin de semana porque al parecer sus padres no pensaban que fueran lo suficientemente maduras como para sobrevivir todo un fin de semanas solas en una casa. El sábado debían trasladarse a la residencia Santiago. No iban a quejarse, al menos habían conseguido media tarde y una noche entera.

Elena estaba en su habitación leyendo distraídamente sobre la cama cuando escuchó la voz de Daniela en el piso inferior. Consultó su reloj. Las cinco menos diez. Y luego le decía a ella que no tenía paciencia. Sonrió como una idiota tirando el libro a un lado de la cama y dirigiéndose a toda velocidad al piso inferior. Daniela hablaba con Laura en la entrada. Tuvo que aguantarse las ganas de saludarla con un beso y borró aquella sonrisa porque las delataría a ambas en un segundo si no lo hacía. 

- Ey Dan- saludó como si nada terminando de descender las escaleras. Cuando su amiga le miró al escuchar su voz se le aceleró el pulso, de verdad que si. ¿Quién iba a decírselo unos años atrás? Era lo último que pensaba que ocurriría cuando ambas correteaban por el bosque buscando duendes verdes seguidas por Skippy. 

- Ey Len- contestó la castaña sin más y tuvo mucho cuidado en no mirarle más de la cuenta. 

Habían tenido que encontrar el punto justo a como debían comportarse delante de sus familias y, en realidad, delante de todo el mundo. Al principio tenían tanto miedo de que algo las delatara que se comportaban demasiado frias y sus padres habían dado por sentado que estaban peleadas y no hacían más que insistir para descubrir la causa de tal distanciamiento. Así que habían tenido que probar diferentes tipos de interacción hasta dar con el más parecido a como se comportaban antes, antes de que todo se complicara de la mejor manera en que pudo complicarse. 

- Le estaba diciendo a Daniela que tienen comida de sobra en la nevera, acuérdense de cerrar la puerta cuando se haga de noche y…- Elena interrumpió a su madre con un suspiro. 

- Mamá, ya no tenemos seis años- le recordó. 

- Lo sé- admitió Laura con una media sonrisa acariciando el pelo de su única hija- Estan creciendo muy deprisa…-comenzó a lamentarse una vez más.

Elena tomó a Daniela de la mano poniendo los ojos en blanco porque si por su madre fuera la castaña y ella se hubiesen quedado con seis años para siempre. 

- Vamos Dan, está sufriendo otro ataque- señaló tirando de su “amiga” escaleras arriba. 

Laura las vio desaparecer en el piso superior con una sonrisa. Era verdad que estaban creciendo muy deprisa. Demasiado deprisa para su gusto. ¡Con lo lindas que eran a los seis años! ¿Porque no podía su niña seguir siendo su niña para siempre? Escuchó la puerta de la habitación de Elena cerrarse y suspiró, de un tiempo acá ambas se habían vuelto un poco más reservadas a como eran antes. En parte lo entendía, ella también había sido una adolescente y también se había encerrado en su cuarto con sus amigas para hablar de los chicos que les gustaban. Porque en la mente de Laura era eso a lo que Daniela y Elena se dedicaban tras las puertas cerradas. ¿Qué más iban a hacer a los quince?

Besarse. Besarse contra la puerta cerrada del cuarto de la morena. Eso era lo que ambas estaban haciendo en esos precisos momentos. Daniela ni siquiera había tenido tiempo de quitarse la mochila y protestó porque era un poco incómodo que Elena la tuviera atrapada contra la puerta con aquel bulto en la espalda. La morena le miró sonriendo y dándole un poco de espacio. Tampoco mucho. 

- Te he echado de menos- le dijo a la castaña.

- Nos hemos visto en el instituto hace tres horas- fue menos romántica la aludida.

- Me da igual. Te he echado de menos. Además no podemos besarnos en el instituto- apuntó.

- Len…nos hemos pasado medio recreo enrollándonos en los baños- le recordó la castaña.

Lo habían hecho, y había sido fantástico hasta que Rosa lo había fastidiado todo entrando y preguntándoles a voz en grito que si se habían caído por el váter. Ugh…Rosa. ¿No había ninguna posibilidad de que trasladaran a su padre en el trabajo y la familia entera tuviera que mudarse a China?

¿Y por que demonios no podían dejar de besarse y de tocarse? En serio, era como si al estar la una junto a la otra sus cerebros racionales dejaran de funcionar. Aquello no les ponía las cosas fáciles, no señor. No estar completamente a solas era una tortura. 

Daniela besó a Elena una vez más antes de quitarse la mochila y dejarla a los pies de la cama de su chica. Se sentó sobre el colchón y Elena hizo lo mismo a su lado mirándole, la castaña le sonrió porque la miraba de esa forma. 

- ¿Qué?- le preguntó Elena. 

- Tienes ganas de darme besos todo el tiempo

- Tengo ganas de darte besos todo el tiempo- admitió la morena. Era verdad, todo el tiempo tenía ganas de besar a Daniela hasta estando dormida.- ¿Tu no?

La castaña rió suavemente porque… awwwww, Elena era muy tierna. Elena siempre había sido muy tierna, desde que la conoció en el colegio a los cinco años y le dijo “¿Quieres que seamos mejores amigas? Te daré de mis galletas todos los recreos si lo somos”. Siempre había sido muy tierna pero en el presente la definición de “tierna” era diferente. Antes tierna era adorable, era “mira como brillan sus ojillos y como al sonreír muestra todos sus pequeños dientecitos con sus labios manchados de chocolate”. Ahora era de otro modo, del modo “quiero perderme en esos ojos y no encontrar nunca la salida”. Del modo “quiero besar esos labios de forma suave, de forma lenta, de forma rápida y sin ninguna suavidad. De todas las formas y maneras posibles”. Así de tierna era Elena en ese momento. 

- Si- admitió la castaña- Tengo ganas de darte besos todo el tiempo-añadió y la morena sonrió antes de robarle otro beso. 

Intentaron pasar la media hora que quedaba hasta la marcha de los padres de Elena simplemente hablando sobre la cama. Uno pensaría que tendría que serles sencillo… habían pasado nueve años enteros haciendo precisamente eso, lo que viene siendo “no besarse”. Aún así no era nada sencillo para ninguna de las dos y acabaron dándose una media de dos besos por minuto. Muchos besos en media hora. De hecho estaban dándose uno particularmente bueno cuando escucharon pasos aproximándose a la puerta. Jo…vaya.

Para cuando Laura entró sin llamar cada una estaba acomodada en un extremo de la cama. Ambas le miraron con la expresión más inocente que pudieron adoptar. 

- Chicas nos vamos ya. Pórtense  bien y…-se dispuso a sermonearles de nuevo. 

-Y acuérdense de cerrar la puerta y no abran a desconocidos… ¡mamá!- protestó Elena- Solo vamos a ver una película y a dormir- mintió descaradamente.

Daniela le miró fugazmente al escucharle, si que sonaba convincente. Sus verdaderos planes eran ver una película besándose hasta la muerte y luego besarse un poco más y un poco más al irse a la cama. Mmmm…las sesiones de besos con Elena en una de las camas de ambas eran de lo mejorcito que había probado nunca. Perdón, ¿había dicho “de lo mejorcito”? No, no, no, no…las sesiones de besos con Elena en su cama eran LO MEJOR que había probado nunca. Antes pensaba que lo mejor del mundo eran las noches en que podía dormirse entre los brazos de Elena, pero…¡que va! Madre mía, el besarla hasta quedarse sin aire mientras las manos de la morena recorrían su cuerpo y se enredaban en su pelo…eso, eso era lo mejor del mundo. 

Siguió a su chica al piso inferior para despedirse de los mayores. Antonio les revolvió el pelo a ambas antes de cargar con una maleta fuera de la casa y Laura se quedó atrás y las abrazó depositando unos pocos besos de más en sus caras…¡Por dios! Parecía que en vez de dos días se marchaba para dos años o algo así. Con un “Sean buenas” abandonó la casa después de que Elena le pidiera que se marchara ya y al escuchar a Antonio tocando el claxón por segunda vez. Y con un “Si, mamá” Elena le despidió con la mano desde el marco de la puerta. 

Cuando el coche arrancó alejándose de la casa las chicas les dieron los diez minutos de rigor, por si acaso regresaban inesperadamente al haber olvidado algo. Habían aprendido aquellos truquillos por las malas, ese en concreto al casi ser sorprendidas por Ingrid enrollándose en el sillón de su salón cuando la mujer volvió a recoger unos papeles que había olvidado en la mesa de la cocina. Habían estado cerca esa vez. Buff…no habían vuelto a enrollarse en toda la tarde después de ese susto.

Bien…parecía que Laura y Antonio se habían ido de verdad. Interesante. Daniela miró a Elena divertida, mientras la morena se pegaba en la ventana para asegurarse de que el coche no había dado la vuelta repentinamente. Nada. Ahí fuera solo se veía oscuridad. 

- Creo que se han ido Dan- le informó regresando al sofá donde se había acomodado su novia. 

- ¿Lo crees o se han ido de verdad?- quiso asegurarse la aludida. 

- Mmmm…creo que se han ido de verdad- sonrió la morena mezclando las dos respuestas posibles. 

- Dame un beso- le pidió la castaña poniendo morritos. Elena rió al verla y obedeció uniendo sus labios suavemente.

Cada vez que se besaban era mejor que la anterior. En serio. Y cada vez era más difícil parar cuando las cosas comenzaban a ponerse…serias. Pero Elena sabía tan bien y su pelo era tan suave y su olor tan increíblemente adictivo que a Daniela no le importaba lo difícil que fuera parar luego. Por la forma en que la morena le había obligado a tumbarse en el sofá colocándose encima, a ella tampoco le preocupaba mucho. 

Elena le sonreía entre besos. Elena siempre le sonreía entre besos y a ella le encantaba que lo hiciera. Le encantaba ver su sonrisa antes de volver a atrapar sus labios. A veces se besaban lento y suave, a veces no, a veces una de las dos intensificaba el contacto y la otra respondía automáticamente y los besos se volvían apasionados y luego dejaban de ser besos en la boca y los labios de una exploraban el cuello de la otra. Daniela disfrutaba besando cada milímetro del cuello de Elena, le gustaba como la morena acariciaba su pelo cuando lo hacía y le encantaba cuando inclinaba la cabeza hacia atrás, exponiéndose a ella completamente. 

No habían pasado de ahí, de besarse hasta la muerte y acariciarse por encima de la ropa. Bueno, por debajo algunas veces también. Ninguna de las dos había sacado nunca el tema de dar el siguiente paso, no pensaban que hiciera falta, iba a pasar fácil y natural, exactamente igual que la primera vez que Elena había besado su cuello de aquella forma o la primera vez que ella había introducido sus manos bajo la camiseta de la morena. Salía solo, no tenían que planearlo y era…oh, muy, muy bueno. 

Habían dejado de comerse a besos y Elena simplemente la miraba mientras acariciaba su pelo. 

- ¿Qué crees que pasará cuando se enteren?- preguntó de repente la morena y su tono no mostraba preocupación, solo curiosidad. Las dos sabían que pasara lo que pasara no iba a cambiar nada entre ellas y si nada cambiaba entre ellas entonces todo iría bien. 

- No lo sé- admitió Daniela acariciando la espalda de Elena con ambas manos- Supongo que nada bueno al principio- tuvo que admitir y su chica suspiró resignada adoptado un gesto triste. 

-¿Crees que se enfadarán?- siguió interrogándole. 

- Igual si- admitió la castaña y no le gustó ver el desánimo que su respuesta había provocado en Elena- ¿Te acuerdas de cuando le robamos a tu padre ese bote enorme de pintura y lo llevamos a mi casa para pintar mi habitación del mismo color que la tuya?- le preguntó y Elena sonrió al escucharle.

Debían contar con nueve años cuando aquello pasó.

- Se gastó cuando habíamos pintado una pared…y solo hasta donde llegábamos- añadió y ambas rieron al recordar como habían apostado que podían saltar más alto que la otra y alcanzar más arriba con la pintura. 

- ¿Te acuerdas de que nos pilló mi madre y de lo enfadados que estuvieron todos?- le preguntó. Elena asintió, las habían castigado sin ver a la otra durante todo el fin de semana - Luego se les pasó ¿verdad?- añadió.

- Si, luego se les pasó- hubo de reconocer Elena. 

- Seguro que pasa lo mismo esta vez, Elena. A lo mejor se enfadan, pero luego se les pasará. 

- ¿Y si no se les pasa?- inquirió. 

- Seguirán enfadados para siempre- se encogió de hombros la castaña. Elena sonrió ante aquella respuesta tan simple. 

- ¿Y si intentan separarnos?- preguntó esta vez un poquito preocupada. 

Daniela le besó suavemente y después tomó su cara entre las manos mirando directamente aquellos ojos azules tan familiares para ella, se sentía increíblemente bien cada vez que podía verse reflejada en ellos. Y jamás había estado tan segura de algo como de lo que dijo a continuación. 

- Nada va a separarme de ti Elena. Nunca- aseguró con voz firme. 

- ¿Lo prometes?- insistió la morena. 

- Lo prometo- contestó sin dudar un segundo. Elena sonrió porque sabía que Daniela no iba a romper esa promesa. 

Tras aquella charla las dos se acomodaron de cara a la televisión y pulsaron el play del dvd. Durante la siguiente hora y media pasaron un poco de miedo muy juntas en el sofá del salón, la mitad de la película no la captaron muy bien, la verdad, estaban un poco ocupadas en otros menesteres menos cinematográficos. 

*****

Sabían que iba a pasar en un momento o en otro, iban directas hacia ello, sin prisa pero sin pausa. Cada beso que se daban les llevaba un beso más cerca, cada caricia una caricia más cerca y al final había pasado como sabían que iba a pasar, sin planearlo. 

Tras la película se habían ido a la cama como miles de veces antes y, como miles de veces antes, Elena se había abrazado a Daniela. Solo iban a besarse, como llevaban haciendo casi un año y medio y todo era tan cálido y tan seguro como siempre. Los labios de Elena sobre los suyos, sus manos acariciando su nuca y volvió a sentir esa necesidad que llevaba sintiendo ya meses. Sabía que su chica se sentía igual, no se lo había dicho pero lo sabía. 

Los besos que habían empezado siendo suaves, meros roces de labios contra labios, habían sido sustituidos por los que se estaban dando en esos momentos frente a frente bajo las sábanas. Lo que los otros habían tenido de suave estos lo tenían de húmedo, besos húmedos y apasionados y Elena sujetándole firme por la nuca y atrayéndole hacia ella como si el tenerla prácticamente fusionada contra su boca no fuera suficiente. Y no lo era, nada era suficiente cuando Elena y ella dejaban que las cosas se descontrolaran un poco.

La temperatura estaba subiendo a su alrededor a una velocidad espectacular, a su alrededor porque dentro de sus cuerpos…buff dentro no podría subir más. Daniela solo podía hablar por ella pero, por los ruidos que escapaban de la garganta de Elena y por la forma en que la morena insistía en acercarla más y más y enredaba sus piernas mientras jugaba con su lengua dentro de su boca…a juzgar por todo ello su novia tampoco debía estar pasando mucho frío precisamente. 

De repente una de las manos de la morena ya no estaba tirando de su nuca, descendía por su espalda para colarse por debajo de la camiseta y quemarle la piel mientras le acariciaba el costado, la espalda, el costado otra vez…y ¿era ella o la forma en la que Elena respiraba en aquellos momentos era increíblemente sexy? Entrecortada, interrumpida por ligeros gemidos emitidos contra el interior de su boca, la forma de respirar de la morena estaba amenazando con terminar con su cordura. ¿Podían culparla? Quince años, plena adolescencia, hormonas revolucionadas y una Elena respirando, acariciando, moviéndose de esa forma. Seguramente muchos habían muerto por mucho menos. Muerte por necesidad de Elena… que gran forma de marcharse. 

Elena le mordió ligeramente el labio inferior y de repente una palabra comenzó a resonar con fuerza en su cabeza. “Encima”. “Encima”. “Encima”. “¡Encima maldita sea!”. Encima de Elena, ese era su lugar en el mundo. Trató de no romper su espectacularmente espectacular beso al moverse para cubrir a la morena con su cuerpo pero en el ultimo momento sus labios se separaron y Elena gruñó. Gruñó como protestando y enseguida volvió a reclamar sus labios y el orden cósmico se restableció cuando Daniela pudo deslizar otra vez su lengua en el interior de su boca. Y madre mía…de repente ya no sabía si “Encima” había sido muy buena idea, porque ¡Cristo Santísimo! los puntos de contacto entre ambas se habían multiplicado por mil y la presión de sus cuerpos, ¡oh, que el señor bendiga la presión entre sus cuerpos!, por mil millones de billones y si una de las dos hubiera llevado gafas con montura metálica vive dios que se estarían fundiendo en esos momentos.

¿Se habían enrollado de aquella forma antes? Duh…millones de veces. ¿Alguna vez habían llegado más lejos de besar, presionar, gemir, de abrasarse en las ganas de la otra? Mmmmm…no. Siempre lo habían frenado a tiempo, bueno… “a tiempo”, entre comillas, porque cada vez que una de las dos ponía punto y final a aquellas sesiones era como morir por dentro, era como morir del todo y ninguna de las dos resucitaba hasta el siguiente “encuentro”. 

Morir de esa forma era doloroso y las dos acababan separándose, sin apenas poder respirar y despeinadas y con la ropa completamente desubicada, a veces con las camisetas por el suelo y siempre con los ojos cargados de algo que decía claramente “esto no debería terminar aquí”. Joder, le gustaban los ojos de Elena cuando insinuaban eso.

Uh…diez grados más de golpe con la pierna de Elena entre las suyas. Daniela dejó de besarla cerrando sus ojos con fuerza porque…joder, joder, joder…la morena y su pierna, presión justo en el sitio adecuado, se le escapó un gemido que sonó como un “mmmmm” estrangulado mientras apoyaba su frente contra la de su chica. Elena volvió a besarle y emitió un sonido muy parecido cuando Daniela imitó su acción anterior y de repente eran todo piernas moviéndose, acariciando y presionando, la castaña besando el cuello de Elena mientras esta inclinaba la cabeza hacia atrás dejándose y a la vez de todo eso las manos de ambas paseándose por todas partes. 

Elena olía tan bien, Elena besaba y acariciaba tan bien, Elena gemía tan increíblemente bien bajo su cuerpo…Elena se movía tan estupendamente bien que cuando llegó el momento de decir “tenemos que parar” le salió algo ligeramente distinto, le salió “dios, Len quiero hacerlo”, le salió así y su cerebro no disponía del suficiente riego en esos momentos como para censurar nada de modo que lo dijo en voz alta contra el cuello de la morena. Y de repente cesó todo movimiento, se apagaron los gemidos y se encendió un poquito, solo un poquitito, la parte racional del cerebro de ambas. Daniela se incorporó ligeramente para poder ver la cara de su chica y, por unos segundos las dos se quedaron mirándose, a escasos centímetros la una de la otra y definitivamente los ojos de Elena decían “esto no debería terminar aquí”, por unos segundos pareció que la morena iba a formular el mensaje que trasmitían sus ojos de viva voz pero al final lo cambió por un beso que volvía a ser suave, increíblemente suave. Y no podría haberlo dicho mejor, en serio, no podría haberlo dicho más alto, ni más claro, ni mejor que con aquel beso. Parecían haberse puesto de acuerdo aun sin hablarlo, simplemente estaba bien, no era demasiado pronto era el momento justo y las dos podían sentirlo. 

Y era igual de nuevo para ambas, no había nadie que pudiera decirles que hacer, solo estaban ellas dos y era más que suficiente. Aprenderían juntas. Igual que habían aprendido juntas a besar, normal y con lengua.

Nuevos sonidos, nuevas sensaciones y nuevos gestos. Nuevas formas de acariciarse y de decir “te quiero” sin llegar a hablar. Daniela quería grabarlo todo en su memoria porque era un momento grande, enormemente especial. Iba a hacer el amor por primera vez. Con Elena. Pero sentía tantas cosas al mismo tiempo que le era imposible formarse una imagen nítida de lo que estaba pasando en realidad. Casi sin darse cuenta se habían deshecho de la ropa que cubría sus cuerpos y se estaban besando más intensamente que nunca antes, todo lo que podía escuchar era su respiración mezclada con la de Elena y el sonido de sus besos. Poco después a ello se unieron los gemidos de ambas y a partir de ahí no pudo pensar más en lo que estaban haciendo, simplemente lo estaban haciendo, seguro que muy torpemente pero a ninguna de las dos parecía importarles porque estaba en brazos de la otra. 

*****

Increíble y alucinante. Eran los dos adjetivos que se le venían a la cabeza mientras descansaba en los brazos de Elena y Elena entre los suyos. Ninguna había dicho nada aún pero las dos sabían que acababan de dar un paso muy importante. Y no había habido flores, ni velas, ni música romántica ni nada de eso pero había sido perfecto igual. Elena le había hecho sentir cosas totalmente nuevas y había dejado que ella hiciera lo mismo, hacerle sentir. Y de alguna forma algo había vuelto a cambiar entre ellas, podía notarlo, igual que lo notó aquella noche de brujas mientras se besaban en la cabaña del árbol. Cuando ambas eran pequeñas pensaba que no podrían estar más cerca la una de la otra que entonces, robaban chocolate juntas, se lo comían a escondidas, se reían muy bajito por las noches hablando de cosas solo suyas…Elena siempre había sido para ella esa persona especial, la más especial. Pero después de haberla besado así, de haberla tocado así, después de haberla visto respondiendo de esa forma a sus caricias y a cada uno de sus movimientos, era ahora, en ese mismo momento, cuando estaba segura de que nadie, jamás, podría estar más cerca de lo que la morena lo estaba entonces. 

Elena se movió apoyando su cabeza en la almohada, a centímetros de la suya y cuando sus ojos se encontraron le retiró un mechón de pelo de la frente. 

Daniela solo la miró, durante unos segundos no hizo nada más, recreándose en cada una de sus facciones. Su barbilla, sus labios, su nariz, sus preciosos ojos azules.

- Te quiero Len- le dijo a media voz- Voy a quererte para siempre ¿lo sabes?

Y ahí estaba, nada más oírle, esa preciosa sonrisa que le iluminaba la cara entera cuando estaba realmente contenta. 

- Voy a quererte para siempre- correspondió también la morena.

Silencio de nuevo mientras las dos se miraban sin más y Daniela sabía que Elena iba a preguntárselo. Aquella chica lo quería saber todo, así que lógicamente no iba a dejar que algo de aquellas dimensiones se escapara a su escrutinio. 

- ¿Ha sido como te imaginabas que iba a ser?- indagó.

Sonrió cuando la castaña le besó sonoramente acercando su cuerpo desnudo al suyo. 

- Elena Bastida…el sexo forma parte de mi vida privada- le regañó su novia. 

- Conmigo no tienes vida privada, tonta- le recordó- ¿Ha sido como te imaginabas que iba a ser?- insistió.

- Ha sido mejor- admitió al final besándola suavemente pero Elena se separó muy pronto para poder exclamar: 

- ¡Ha sido mucho mejor!- apoyando su frente sobre la de Daniela- ¿Cuándo vamos a hacerlo otra vez?- inquirió haciendo reír a la castaña. Ella se limitó a sonreír besándole luego la punta de la nariz- ¿Vas a querer hacerlo otra vez?- le preguntó. 

- Elena…voy a querer hacerlo muchas más veces- aseguró su chica con una enorme sonrisa. 

- Menos mal porque yo también- admitió ella.

Daniela escondió su cara en el cuello de su chica y las dos permanecieron en silencio por un rato pensando que nunca en la vida se habían sentido más relajadas, cómodas y seguras que en esos momentos

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