Con los años VII

Capítulo 7: Once Años 

¿Cuándo comenzó a darse cuenta de que lo que sentía por Elena Bastida era algo más que amor de mejor amiga? No lo sabía exactamente y sospechaba que desde el principio su conexión con aquella diminuta morena que hablaba raro había sido más profunda de lo que cabía esperarse entre amigas. Aún así nunca se había planteado nada porque era demasiado pequeña como para planteárselo. De modo que desde los cinco hasta los once años, Elena había sido solo su mejor amiga. Aquella con la quería pasar cada minuto del día, a la que se lo contaba todo y con la que podía contar para hacer cualquier cosa, cualquier tipo de locura y travesura. 

Todo había sido fácil hasta entonces, en el pequeño universo en el que vivían las niñas odiaban a los niños y los niños odiaban a las niñas y si a una niña le gustaba un niño o a un niño una niña los demás se encargaban de quitarles la tontería del cuerpo mediante crueles burlas y bromas pesadas. Fueron buenos tiempos para Daniela Santiago. Buenos tiempos, si señor.

Pero desgraciadamente aquel paraíso del odio entre géneros llegó a su fin. Y terminó así, de repente y sin previo aviso. De pronto un día las niñas de su clase habían comenzado a hablar de los chicos de una forma completamente diferente. Y de golpe y porrazo a todas les gustaba uno de sus compañeros, o dos, o tres…dependiendo de lo fresca que fuera cada una. A Rosa le gustaban todos, a ella ninguno. ¿Y a Elena? Eso era lo que comenzó a preocuparle de forma alarmante. ¿Y si a Elena le empezaba a gustar alguno de los niños? La morena nunca le había hablado de ninguno de ellos con otra cosa que no fuera indiferencia o disgusto pero aún así…

No comprendía de donde venía aquel miedo a que Elena comenzara a fijarse en los niños de su clase al igual que hacían todas sus demás compañeras, pero ahí estaba. Poco a poco ese malestar se fue desvaneciendo al comprobar que, a pesar de la tontería que comenzaba a apoderarse del resto del mundo, ellas dos continuaban igual. Seguían pasando los recreos juntas mirándose con paciencia cuando escuchaban a alguna de las otras niñas compartir su pequeño enamoramiento pre-adolescente. Cuando volvían a casa se burlaban de ellas, hablaban de sus cosas y hacían los deberes sin preocuparse de nada de lo que sucedía fuera de su pequeña burbuja. Pero de repente un día aquella burbuja explotó.

Daniela y Elena a los once años…

Primera hora de clase de un viernes. Matemáticas. ¿Por qué señor? La semana tenía siete días y cinco de ellos debían pasarlos asistiendo al colegio, solo quedaban dos de descanso…¡¿A nadie más le parecía totalmente injusto y desproporcionado? Daniela ahogó un bostezo…madre mía, que tostón, aquello era inhumano. ¡Inhumano! Menos mal que ya era viernes y aquella noche Elena y ella tenían preparada una sesión de cine completa y absolutamente genial.

Era viernes y era 13, así que la película elegida había sido “Viernes 13”. Doblemente escalofriante. Elena iba a morirse de miedo. Y…hablando de Elena, la había notado un poco rara aquella mañana pero le había preguntado si le pasaba algo y le había dicho que no. Desvió su mirada, alejándola de la tarima y de la profesora, hasta captar a la morena dentro de su campo visual. Ella tampoco estaba prestando mucha atención a la clase, parecía perdida en sus propios pensamientos y normalmente Daniela conocía los pensamientos de Elena, todos y cada uno de ellos, pero aquella mañana no tenía ni idea de lo que pasaba por la cabeza de su mejor amiga.

Intentó sonsacarle en los cambios de clase pero sin ningún éxito. Le atosigó durante el recreo pero nada, la morena continuaba sin admitir que algo no andaba del todo bien. 

Por fin las clases terminaron y Daniela recogió todas sus pertenencias dentro de su mochila antes de colgársela a la espalda y acercarse al pupitre de su mejor amiga. Desde los nueve años sus padres les dejaban volver solas a casa después de las clases. Sus casas no estaban muy lejos del colegio y la ciudad era pequeña y aburrida, todos los habitantes se conocían entre ellos. La castaña observó como su amiga guardaba sus libros en la mochila y le ayudó tendiéndole también el estuche. 

- ¿A que hora vas a venir a mi casa?- preguntó Daniela cuando las dos comenzaron a caminar hacia la salida de clase- Si vienes pronto a lo mejor nos da tiempo de ver también la segunda parte- dejó caer. 

- Dan…-iba a decir algo la morena cuando de repente Noel el comemocos se plantó delante suyo cortándoles el paso a ambas. 

- Ey Elena- saludó con una sonrisa de imbécil en la cara- Daniela…-dejó caer apenas sin mirar a la castaña antes de centrar su completa atención en su amor platónico de nuevo- Solo quería recordarte que mi fiesta de cumpleaños empieza a las cinco y media- dijo.

Daniela le miró como si aquel niño se hubiera vuelto completamente loco de repente, tanto comer mocos debía haberle afectado al cerebro. ¿Elena dejándole plantada a ella por acudir a la fiesta de cumpleaños de aquel payaso de circo? ¡Por favor! No había forma humana de que la morena cancelara su noche de cine, era impensable, inconcebible desde todo punto de vista, imposible, era…

- Cinco y media, allí estaré- contestó Elena. ¡Increíble! ¿Allí estaré? ¿Cómo que allí estaré? ¡A ella el comemocos de Noel ni siquiera le había invitado a su estúpida fiesta de cumpleaños! No era que le importase mucho pero aún así…Elena había aceptado ir sin ella. ¡Sin ella! Y no solo eso, esperaba al último momento para decirle que se cancelaban sus terroríficos planes. Tras escucharla la cara de Noel se deformó aún más ensanchando su, ya de por sí, ancha sonrisa. Se despidió de Elena con la mano antes de caminar hacia atrás aún mirándola con cara de empanado mental, chocó con las taquillas y se puso un poco rojo antes de despedirse de nuevo de Elena y echar a correr pasillo adelante. ¡Menuda pena de seudo ser humano!

Una vez que Noel hubo desaparecido de su vista Daniela se volvió hacia su amiga. 

- ¿Vas a ir a la fiesta de cumpleaños de Noel?- preguntó y su voz sonó un pelín chillona sin ella proponérselo. 

- Si…me invitó ayer y le dije que si- reconoció- Llamó a mi casa por teléfono- dio más detalles. 

- ¡Se come los mocos Elena!- se lo recordó Daniela por si ella lo había olvidado. 

- Eso era antes…ya no se los come- contestó su amiga mientras ambas salían al patio del colegio. 

- ¡No puedo creer que canceles nuestra noche de cine!- exclamó la castaña. 

- Lo siento Dan…podemos ver la película mañana- ofreció mirando a su mejor amiga. 

- Se llama “la noche de cine de los viernes”. ¡Mañana no será viernes! ¡Y no será 13!…¡y todavía no han rodado la película de terror “Sábado 14”!- exclamó completamente enfadada- No me puedo creer que me dejes tirada…-bufó. 

- ¡No te dejo tirada!- protestó Elena. 

- ¿Ah no? ¿Recuerdas cuando Roberto me invitó a su cumpleaños y a ti no?- le preguntó y Elena agachó la cabeza. Si que se acordaba. Daniela le había contestado que si no le invitaba a ella también no acudiría. Al final no había ido ninguna de las dos a pesar de que el niño había cedido a las exigencias de la castaña. Roberto estaba un poco colado por Daniela- Da igual…si tu pasas de la noche de cine invitaré a alguien más y punto- resolvió. 

- ¡No puedes invitar a nadie más! Son “nuestras” noches de cine…- matizó Elena. 

- Parece que la de hoy es “mi” noche de cine- respondió Daniela- Ya sé…voy a invitar a Sara- decidió de pronto al ver a la niña acercándose. 

- ¿A Sara?- exclamó Elena incrédula volviéndose hacia el lugar por donde la aludida caminaba.

Sara Montiel. Once años, ojos avellana y largo cabello caoba. Divertida, ingeniosa, encantadora, estudiante modelo. Sara Montiel, la chica más popular de la clase de quinto grado. Desde que Daniela la había defendido una vez a los seis años cuando David intentó arrebatarle el almuerzo, las dos habían mantenido una relación bastante amigable. Unas bromas por allí, unas bromas por allá. Sara las invitaba a ambas a sus fiestas de cumpleaños y Elena debía reconocer que había temido en varias ocasiones que su mejor amiga le cambiara por “doña perfecta”. ¡Era la más popular! Daniela nunca se había planteado hacer tal cosa. Ni en un millón de años. ¿Y ahora pensaba invitarla a “su” noche de cine? El ceño de la morena se frunció con extremo disgusto al notar como Sara sonreía al ver a Daniela acercarse a ella. Las vio intercambiar unas palabras, reírse un poco, intercambiar más palabras, más risas. Palabras, risas, palabras, risas…¡por fin una despedida! Y Daniela se dirigía allí de nuevo con una enorme sonrisa en su cara. 

- ¿Y bien?- se cruzó de brazos Elena.

- Vendrá a mi casa sobre las seis y media- le informó la castaña echando a caminar sin más, traspasando los límites entre el colegio y la calle y enfilando el camino que le llevaría hasta su casa. 

Elena le miró completamente molesta y apresuró el paso hasta ponerse a su altura. 

- Solo has invitado a Sara para que me enfadara- acusó a su mejor amiga. 

- ¿Y porque ibas a enfadarte? Tu te vas a la fiesta de Noel y yo no me enfado- ejemplificó.

- ¡Claro que te enfadas! Solo por eso has invitado a “doña perfecta” a tu casa…-rebatió la morena.

- ¡No entiendo porque has aceptado a ir a ese cumpleaños! Noel ni siquiera te cae bien…-dio por sentado. 

- Noel me cae bien. Es simpático- admitió Elena. 

- ¡Es simpático contigo porque le gustas!- exclamó Daniela- Y aceptando ir a su cumpleaños es como si le dijeras que él también te gusta a ti- le informó.

Elena no dijo nada. No lo negó como Daniela esperaba que hiciera y el estómago de la castaña se convirtió en un nudo. Un nudo muy, muy apretado. Y tuvo que preguntarlo

- ¿Te gusta Noel?

Elena miró hacia otro lado al escuchar la pregunta de su amiga y se limitó a encogerse de hombros. Ante el silencio de la castaña se vio obligada a elaborar un poco más su respuesta. 

- No lo sé. Igual un poco- declaró vagamente. No había terminado de pronunciar la última palabra cuando Daniela le sorprendió acelerando el paso y dejándola atrás. 

*****

El comemocos…le gustaba el comemocos. Ver para creer. 

Daniela se encontraba tumbada boca arriba en mitad del suelo de su habitación. Con sus brazos en forma de cruz, extendidos a ambos lados de su cuerpo. Miraba el techo mientras trataba de asimilar aquella nueva información. A Elena, a su Elena le gustaba Noel el comemocos. El mismo Noel que le había dado un beso a los siete años y al que ella había derribado segundos después con sus propias manos. Elena decía que no, pero ella estaba segura de que ese niño seguía comiéndose los mocos…porque ya se sabe lo que dicen “Una vez comemocos, siempre comemocos”. Allá Elena si quería relacionarse con aquel tipo de gente. ¡Por ella como si empezara a comerse los mocos también! Le daba igual. Si señor. Le daba exactamente igual. Elena podía casarse con Noel cuando le diera la gana, ella encontraría a otra mejor amiga, y sería mejor “mejor amiga” que Elena porque se la buscaría menos miedosa. 

De pronto la puerta de su habitación se abrió y su madre entró con un montón de ropa limpia y doblada en las manos. Pareció sorprenderse de encontrársela en el suelo. 

- Dani…¿puede saberse que haces tirada en el suelo?- inquirió pasando sobre ella con cuidado de no pisarla ya que estaba entorpeciendo el paso hacia el armario. 

- Pensar- fue su simple respuesta. 

- ¿A que hora llega Elena?- se interesó la mujer repartiendo la ropa de su hija pequeña en las diferentes baldas y perchas. 

- A ninguna- contestó Daniela ahorrando saliva y más palabras innecesarias. 

Ingrid dejó de centrarse en la tarea que tenía entre manos para mirar a la niña con el ceño fruncido. 

- ¿Se pelearon?- quiso saber. 

- No. Ahora que tiene novio no vendrá tanto por aquí- masculló y le indignó mucho, pero mucho, escuchar la risita de Ingrid tras sus palabras. 

- ¿Novio? Tienen once años Daniela…novio…-sacudió la cabeza aún sonriendo. Estos niños de hoy en día- Así que estás enfadada porque Elena hoy ha quedado con otro niño- apuntó Ingrid cerrando el armario y sentándose en la cama observando la cara de enfado de la pequeña castaña. 

- No estoy enfadada…-negó lo evidente. 

- Daniela…que no se pasen las veinticuatro horas del día juntas no quiere decir que sean menos amigas- trató de animarle pero, lejos de conseguirlo, aquella afirmación consiguió entristecerla más. 

Ella quería pasar las veinticuatro horas del día con Elena y, hasta aquella mañana, Elena también había querido pasarlas con ella. Y ya no. ¡Y encima por un chico! Puaghhh…

Ingrid decidió que lo mejor sería dejarla sola, se le pasaría porque eran cosas de niños ¿verdad? Solo cosas de niños. 

*****

Si, le había mentido a Elena ¿y que? En realidad Sara le había dicho que no podía ir a su casa porque aquel fin de semana se iba con sus padres a visitar a sus abuelos que vivían a quien sabe cuantos kilómetros de allí. ¿Por qué le había mentido? Pues porque si. Más simple que eso imposible. Le había mentido porque sí, porque quería que Elena se sintiera mal, porque ella se sentía mal. 

¡Y si Elena se pensaba que iba a dejar pasar la oportunidad de ver “Viernes 13” el mismísimo día viernes 13 estaba muy, pero que muy equivocada! Ella se lo perdía y esperaba que no le sentaran mal los sándwiches de mocos de la fiesta de Noel. 

Ella ya estaba a mitad de la película. Todas las palomitas tenían un destino, “su boca”, el sillón era suyo enterito y no tenía que compartir la manta calentita con nadie. ¡Ja Elena Bastida! ¡No te necesito para nada! O para casi nada…porque de tantas palomitas le estaba empezando a doler un poco la panza, el sillón era demasiado grande y la manta calentita no era tan calentita sin el cuerpo de Elena pegado al suyo y sus manos haciéndole un torniquete a su brazo. Y no había nadie por quien fingir ser valiente así que estaba pasando más miedo que en toda su vida.

De pronto captó un sonido extraño, fuera de lugar, y paró la película para poder escuchar mejor. Sus padres estaban en la cocina revisando las facturas porque Ingrid estaba convencida de que aquel semestre les habían cobrado el agua dos veces. ¡Aquellos dos si que sabían vivir peligrosamente! Y su hermano estaba pasando el fin de semana con Marco y sus padres en una casa de campo. Ay hermanito…disfruta mientras puedas, antes de que Marco encuentre a una chica comemocos y caiga rendido a sus pies olvidándose de que una vez tuvo un mejor amigo llamado Ivan. 

Prestó mucha atención y…ahí estaba, ese ruido chirriante intermitente, se parecía mucho al ruido que hacía la bicicleta de Elena cada vez que la morena pedaleaba. Ella ya le había dicho mil veces que le pidiera a su padre que se la engrasara un poco pero Elena no le hacía caso. Intrigada se arropó con la manta y se levantó del sofá acercándose hacia la ventana más próxima, debía descubrir que era lo que producía aquel sonido tan desagradable pero…espera…ya no se escuchaba. El reflejo de la luz de la televisión dentro y la oscuridad de fuera habían convertido al cristal de la ventana en un espejo, de modo que al llegar junto a él utilizó sus manos para crear un círculo de visión al exterior y…¡¡¡JODER!!! Elena estaba al otro lado y le saludó tímidamente con la mano, como si nada, como si no hubiera estado a punto de causarle un paro cardíaco. 

No perdió tiempo y salió al marco de la puerta, en pijama y con pantunflas con forma de cabeza de vaca en sus pies, la manta rodeándola y cerrándose sobre su pecho. Miró a su amiga y, tal y como suponía, allí estaba su bicicleta ruinosa tirada a los pies de las escaleras sin ningún cuidado. 

- Hola Daniela…- saludó la morena estirándose más las mangas de su sudadera hasta que consiguió que sus manos desaparecieran de la vista. 

- ¿Qué haces aquí?- inquirió su amiga cambiando el peso de pie y estrechando más la manta sobre su cuerpo. Hacía un poco de frío. 

- Venir a verte y…- bajó la vista al suelo- …y a pedirte perdón también. No debí haberte dejado plantada por ir a la fiesta de Noel- reconoció- Tu nunca me dejas plantada por irte a la fiesta de nadie- admitió. 

- Es de noche…no nos dejan coger la bicicleta de noche- indicó la castaña. 

- Ya…me he escapado…- explicó Elena y Daniela sonrió al ver el gesto de malicia de la cara de su amiga al alardear de su fuga- Mi madre no me dejaba venir ni llamarte por teléfono porque decía que ya era tarde- añadió. 

Daniela se sentó en la primera escalera del porche y miró la oscuridad ante ella. 

- ¿Has venido pedaleando desde tu casa estando todo tan oscuro?- inquirió sorprendida y miró a su amiga cuando está se sentó a su lado. 

- Si…la bici tiene luz delante- explicó. 

- Pero eres una miedica- le recordó.

- Pero tenía que hablar contigo. No quiero que te hagas mejor amiga de Sara Montiel y que tengan “sus” viernes de cine- admitió mirándole con ojos tristes- Y para tu información Noel sigue comiéndose los mocos…-añadió y Daniela rió al escucharlo. ¡Lo sabía!

- No puedo creer que te guste un chico que se come los mocos- dijo negando con la cabeza. Elena suspiró mirando los escalones de madera. 

- No me gusta Noel, Daniela…- reconoció- Es un poco asqueroso- añadió. 

- ¿Y porque has ido a su fiesta?- frunció el ceño la castaña. Wow…de repente parecía que le habían quitado como trescientas toneladas de encima. ¡A Elena no le gustaba Noel! ¡Y quería que siguieran siendo mejores amigas!- Porque…se supone que debería gustarme algún chico…a todas las demás chicas de clase les gusta alguno…- señaló jugando con las mangas de su suéter. 

- A mi no- se encogió de hombros Daniela. 

- ¿Y no te sientes rara cuando todas hablan de lo guapos que son porque a ti no te parecen guapos?- quiso saber. 

- No- volvió a encogerse de hombros la castaña. Y era la verdad. 

- Pensé que si a lo mejor me gustaba Noel…dejaría de sentirme rara- reconoció. 

- No eres rara…- le dijo Daniela y Elena le miró- Eres especial- añadió y la morena sonrió un poco. Su amiga siempre sabía que decirle para que se sintiera mejor. 

- ¿Seguimos siendo mejores amigas?- quiso saber la morena. 

Lena se limitó a darle un abrazo que enseguida fue correspondido, en las caras de las dos niñas dos enormes sonrisas. 

- ¿Quieres pasar a ver “Viernes 13”?- ofreció Daniela- He visto un trozo pero lo rebobinaré si quieres- señaló. 

- Eh…es tu noche de cine con Sara…-dudó la morena. 

- No, no lo es. Solo te dije que Sara iba a venir para que te sintieras mal- reconoció sin ningún remordimiento levantándose de las escaleras y tendiéndole la mano- ¿Vienes dentro o que?- exigió una respuesta. 

- Las mejores amigas no deberían querer hacerse daño- le regañó Elena. 

- Las mejores amigas no se cambian por un chico que se come los mocos- rebatió la aludida. 

Elena reconoció que era justo y aceptó la mano de Daniela pasando al interior de la casa. Rebobinaron la película hasta el inicio y las dos se acomodaron bajo la manta compartiendo la cubeta de palomitas y apretujándose la una contra la otra. Y eso si que era “una noche de cine” como dios manda. 

Ingrid cayó en la cuenta poco después de que a las exclamaciones y a los gritos de su hija se habían unido los de Elena. Tuvo que llamar a los padres de la pequeña para que no se preocuparan cuando descubrieran que su única hija se había fugado de casa.

- Elena…esta noche te quedas aquí- indicó la madre de la castaña- Pero prepárate para mañana jovencita…- dio a entender que Antonio y Laura no estaban nada contentos. 

Una vez que las dos amigas volvieron a quedarse solas en el salón Daniela le miró preocupada. 

- Oh, oh…tus padres van a castigarte- indicó.

- No importa- se encogió de hombros  apoyando de nuevo la cabeza en su hombro. Daniela sonrió al escucharla y se acomodó contra ella, la parte que venía ahora si que daba miedo de verdad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Enero 21

Antes de todo. Mayo 2016

Con los años XI