Septiembre 23/16
“Nadie logra superarla, una vez que te clavas con ella, te pasas el resto de tu vida buscándola. Nadie es lo suficientemente buena, amable, risueña, amena. Nadie será ella, y cuando vuelven arrepentidos y dispuestos a dar todo de sí para volver a tenerla en sus brazos, ella ya los habrá olvidado y otro estará disfrutando de su compañía.”
Me voltea a ver.
“Vi este mismo patrón desde 1er semestre de bachillerato. Mis dos mejores amigos se odiaban a muerte cada que D entraba a la habitación. L era el novio oficial y W era la mejor amiga y confidente, ambos estaban profundamente enamorados, ella lo sabia y le encantaba.”
“Recuerdo las caras de L cuando le llevaba algún obsequió o le cantaba canciones, D se recargaba ligeramente en su hombro y le susurraba cosas mientras él sonreía con suficiencia a W que sólo atinaba a apretar los dientes. Cuando se peleaban, era el turno de sonreír para W que la acunaba y mecía para consolarla de ‘las pendejadas que hacia el imbécil de L’ mientras el pobre sufría sabiéndose superado e incapáz de acercarse a ella.”
“Aunque a ella le encantaba ponerlos a pelear, había veces en que la fastidiaban y salia en busca de un refugio. Ahí es dónde entraba, yo era un lugar seguro donde no se sentía presionada y que, de alguna manera, hasta le aligeraba la carga. Conmigo podía decir, reír y hablar sin la constante presión de ‘no puedo con tu novio’ y ‘detesto a tu amiga’…”
Se ríe y comienza a tentarse buscando su cigarrera.
“En varias ocasiones me llegó a preguntar si no podíamos huir y casarnos, asi cuando regresáramos L y W ya no la podrían molestar porque era mujer casada… Yo sólo me reía y le recordaba todas las maneras en que me torturarían mis amigos al enterarse de que les había quitado a su mujer.”
Una mecha se enciende. Una calada profunda al cigarro, dos, tres…
“Creo que me enamoré de ella… no, no creo, yo estaba muy enamorada de ella y hasta ahora me dejo admitirlo en voz alta. Me encantaba que huyera de todos y viniera conmigo. Los momentos en que eso pasaba sólo éramos ella y yo haciendo y deshaciendo la vida. Hablando de tonterías, haciendo tonterías y quedándonos dormidas de la risa. Yo era muy lista, porque mientras los demás la cazaban y rogaban que compartiera con ellos una mirada, yo sólo tenia que esperarla en el lugar de siempre y ella me seguía hasta el fin del mundo.”
Suspira
“Nunca hubo nada entre nosotras. Jamás nos besamos y lo más cercana que estuve a tocarla fue una vez que nos quedamos dormidas recargadas una en la otra…”
“Admito… que aun la busco… a veces…”
Esa fue nuestra conversación cuando llevábamos mes y medio de pareja. Me dio miedo la intensidad de sus ojos al hablarme de ella, la tristeza de su voz y el deseo contenido que sentí en el ambiente cuando el silencio se apoderó de nosotras. Me dieron celos. Celos de ella, celos de ese tiempo compartido, que de haber sido yo más grande, más alta, de haber estado yo en esa situación, no habría dejado que nada pasara; celos de lo que sea que estuviera pasando por su cabeza, ese lugar intimo al que, por primera vez, no me había permitido entrar.
Mucho tiempo ha pasado de eso. Aún soy la única que puede tocarla y dormir en sus brazos. En esos momentos todo esta bien, nos amamos con una intensidad desbordante, nada es demasiado romántico, cursi o pasional para nosotras, sin embargo, la sola mención de D hace que algo cambie. Ella se vuelve algo distante y reservada, si alguien pregunta se le iluminan los ojos y cuenta celosamente los hechos mientras una sonrisa nostálgica se apodera de ella. Cuando ambas hablan una extraña aura las rodea, algo intimo sucede y se vuelve algo tan perfecto que todo lo que no sean ellas se siente intrusivo y equivoco.
Por mi parte, me pongo tensa y me inunda algo que hasta el fin de los tiempos negaré que son celos.
No puedo contener el miedo que me da lo que me dijo:
“Nadie logra superarla”
Me consumen las horas y los días. Temo no llegar a ser suficiente. Temo que sólo llegue a ser uno de los tantos intentos para olvidarla. Temo que el día menos inesperado se zafe de mi para ir en busca de lo que ambas tenían. Temo porque no me siento con el derecho a hacer frente y pedir explicaciones. Temo porque sé que si llega a sucede algo, no me sentiré con la fuerza para interferir.
Si de algo estoy segura es que si me pide terminar, con lagrimas en los ojos la dejaré ir y con todo mi corazón le desearé la mejor suerte del mundo… aunque yo me hunda en mi propia desgracia.
Me voltea a ver.
“Vi este mismo patrón desde 1er semestre de bachillerato. Mis dos mejores amigos se odiaban a muerte cada que D entraba a la habitación. L era el novio oficial y W era la mejor amiga y confidente, ambos estaban profundamente enamorados, ella lo sabia y le encantaba.”
“Recuerdo las caras de L cuando le llevaba algún obsequió o le cantaba canciones, D se recargaba ligeramente en su hombro y le susurraba cosas mientras él sonreía con suficiencia a W que sólo atinaba a apretar los dientes. Cuando se peleaban, era el turno de sonreír para W que la acunaba y mecía para consolarla de ‘las pendejadas que hacia el imbécil de L’ mientras el pobre sufría sabiéndose superado e incapáz de acercarse a ella.”
“Aunque a ella le encantaba ponerlos a pelear, había veces en que la fastidiaban y salia en busca de un refugio. Ahí es dónde entraba, yo era un lugar seguro donde no se sentía presionada y que, de alguna manera, hasta le aligeraba la carga. Conmigo podía decir, reír y hablar sin la constante presión de ‘no puedo con tu novio’ y ‘detesto a tu amiga’…”
Se ríe y comienza a tentarse buscando su cigarrera.
“En varias ocasiones me llegó a preguntar si no podíamos huir y casarnos, asi cuando regresáramos L y W ya no la podrían molestar porque era mujer casada… Yo sólo me reía y le recordaba todas las maneras en que me torturarían mis amigos al enterarse de que les había quitado a su mujer.”
Una mecha se enciende. Una calada profunda al cigarro, dos, tres…
“Creo que me enamoré de ella… no, no creo, yo estaba muy enamorada de ella y hasta ahora me dejo admitirlo en voz alta. Me encantaba que huyera de todos y viniera conmigo. Los momentos en que eso pasaba sólo éramos ella y yo haciendo y deshaciendo la vida. Hablando de tonterías, haciendo tonterías y quedándonos dormidas de la risa. Yo era muy lista, porque mientras los demás la cazaban y rogaban que compartiera con ellos una mirada, yo sólo tenia que esperarla en el lugar de siempre y ella me seguía hasta el fin del mundo.”
Suspira
“Nunca hubo nada entre nosotras. Jamás nos besamos y lo más cercana que estuve a tocarla fue una vez que nos quedamos dormidas recargadas una en la otra…”
“Admito… que aun la busco… a veces…”
Esa fue nuestra conversación cuando llevábamos mes y medio de pareja. Me dio miedo la intensidad de sus ojos al hablarme de ella, la tristeza de su voz y el deseo contenido que sentí en el ambiente cuando el silencio se apoderó de nosotras. Me dieron celos. Celos de ella, celos de ese tiempo compartido, que de haber sido yo más grande, más alta, de haber estado yo en esa situación, no habría dejado que nada pasara; celos de lo que sea que estuviera pasando por su cabeza, ese lugar intimo al que, por primera vez, no me había permitido entrar.
Mucho tiempo ha pasado de eso. Aún soy la única que puede tocarla y dormir en sus brazos. En esos momentos todo esta bien, nos amamos con una intensidad desbordante, nada es demasiado romántico, cursi o pasional para nosotras, sin embargo, la sola mención de D hace que algo cambie. Ella se vuelve algo distante y reservada, si alguien pregunta se le iluminan los ojos y cuenta celosamente los hechos mientras una sonrisa nostálgica se apodera de ella. Cuando ambas hablan una extraña aura las rodea, algo intimo sucede y se vuelve algo tan perfecto que todo lo que no sean ellas se siente intrusivo y equivoco.
Por mi parte, me pongo tensa y me inunda algo que hasta el fin de los tiempos negaré que son celos.
No puedo contener el miedo que me da lo que me dijo:
“Nadie logra superarla”
Me consumen las horas y los días. Temo no llegar a ser suficiente. Temo que sólo llegue a ser uno de los tantos intentos para olvidarla. Temo que el día menos inesperado se zafe de mi para ir en busca de lo que ambas tenían. Temo porque no me siento con el derecho a hacer frente y pedir explicaciones. Temo porque sé que si llega a sucede algo, no me sentiré con la fuerza para interferir.
Si de algo estoy segura es que si me pide terminar, con lagrimas en los ojos la dejaré ir y con todo mi corazón le desearé la mejor suerte del mundo… aunque yo me hunda en mi propia desgracia.
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