Febrero 18/11
Hola, ¿Cómo estas? ¿Qué cuentas de nuevo?
¿cómo están tus padres? ¿tus amigos?
¿te has acordado de mi? ¿me extrañas?
Sabes,
me gustaría comenzar esto como una carta a un antiguo amigo, con
preguntas sobre nuestros amigos en común, la escuela, alguno
de nuestros lugares conocidos. Sin embargo, para mi desgracia, no
puedo, ya que tú no me conoces. O mejor dicho, si me conoces pero por
alguna razón no te acuerdas de mi.
Tal vez estés pensando "¿Qué onda con esto? ¿me conoce? Pero si ni idea de quien es... "
Vuelvo a lo dicho, si me conoces pero debido a ciertas circunstancias de las que me siento culpable ya no nos dirigimos la palabra.
Si me dejas ser honesta te diré que ni yo misma se que sucedió entre nosotras. Simplemente un día "poff", todo acabo, ya no habian saludos ni sonrisas sueltas cuando nos encontrábamos en la calle. Las llamadas de ambas partes cesaron, las cartas, las visitas... los abrazos... todo paso muy rápido.
Recuerdo que mi madre me llegó a preguntar un sinfín de veces por ti “¿y cómo esta...? hace mucho que no viene a la casa ¿cuando piensan salir?” a lo que siempre respondía con un vació “No se, tiene cosas que hacer supongo…” siempre con lo mismo. Si supiera que la culpa la tuve yo.
Me
distancie de ti con la excusa de que era lo mejor. Yo no era una
persona que digamos brillante. No es que me constara aprender,
simplemente no me importaba la escuela. Tampoco era muy buena
socializando, por ello las amistades de mi infancia se reducen
únicamente a 3 personas, entre ellas tu.
En pocas palabras, yo era una chica problema, la típica persona que se la vive en la sala del director porque hizo tal o cual cosa. Una chica que tenia problemas con sus maestros y que asustaba a sus compañeros de clase por culpa de esa etiqueta que llevaba cargando desde que eta niña. Todo esto provocando la actitud frívola y "valemadrista" que, aun ahora, me caracteriza.
Si, esa era yo.
¿Y tú? Tu eres mi antónimo, el otro lado del espejo, mi opuesto completamente. Alegre con los amigos, atenta con los demás, elegante a la hora de desenvolverte en el ámbito social, de sonrisa fácil y, en la mayoría de los aspectos, inocente y sentimental. Creo que estas dos últimas son las que te describen a la perfección.
Justamente
por estas maravillosas cualidades tuyas es por la que hice lo que hice.
No quería ser la causa de burlas a tu persona por hablarme, así que cree el abismo que ha ido creciendo con el paso de los años
hasta llegar a lo que es hoy... un gran distanciamiento entre tu y yo.
...
Si, esa era mi excusa, el hacerte un bien, pero no es más que una mentira que cree hace poco para ocultar la verdad. La conclusión a la que llegué después de meditar lo sucedido durante todo lo que llevamos conociéndonos. ¿Qué cuál es?
Miedo. En eso se resume. Me llenaba de terror el que lo fueras todo para mi. Mi razón, alegría y, la mayoría de las veces, tristeza. El que no me importara apalear a cualquiera que te hiciera algún mal, aun después de haber prometido a mi madre y al director que no me metería en más problemas.
En ese entonces, nunca hubiera permitido que alguien te hiciera llorar…
En ese entonces, nunca hubiera permitido que alguien te hiciera llorar…
Pero el tiempo pasa, y conforme lo va haciendo las personas van cambiando y ni tu ni yo fuimos la excepción.
Nos separamos cuando yo acababa de cumplir los 16. Si me preguntas, fue duro dejarte, ambas nos inscribimos en escuelas completamente diferentes diferentes, con media ciudad de distancia, y por si fuera poco, escuelas que eran rivales por generaciones. Así que no fue un problema distanciarme, tenia una buena excusa, pero aun así fue duro.
Mis primeros años de bachillerato provocaron un cambio radical en mi forma de ser. Conocí gente con carácter y formas de pensar completamente diferentes al mio pero con un carisma tal que te provocaban confianza. Mis amigos me enseñaron que los oídos son sordos y que la única manera de cumplir mis objetivos es teniendo constancia y determinación. También aprendí a expresarme mediante la palabra, defender mis ideales y a que puedes llegar a enamorar a cualquier persona con un buen manejo de la lengua. Pero también me mostraron que en la mayoría de los casos, una sonrisa sutil y una mirada pueden decir más que mil palabras. Aprendí a ser crítica y objetiva a la hora de tomar decisiones y a combatir de frente y de una manera inteligente todos los problemas que tenga.
En los pocos años que estuve lejos de ti crecí como persona y puedo presumir que a finales de mi ultimo año ya no eras más que un viejo recuerdo, algo que presumía ya no debia preocuparme. Pero no todo puede ser perfecto en esta vida ¿verdad?
Después
de casi 4 años de no saber nada de ti, me va tocando la buena fortuna
(o mala dependiendo de cómo lo quieras ver), de encontrarte matriculada
en la misma universidad que yo, en la misma carrera, y por si fuera
poco, en el mismo grupo en el que tomare, o mejor dicho, tomaremos
clases durante todo un año.
Te has de imaginar mi rostro cuando me enteré. Te diré que en cuanto vi ese porte cargado de una seductora inocencia y esta alborotada melena color castaño claro te reconocí al instante. Automáticamente mi respiración se detuvo, mi pecho se encogió y mi mirada se quedo prendida de tu andar. En cuanto te ví, todos los ideales, estabilidad, convicción y coraje que había tardado tanto en construir se derrumbaron.
Junto
con tu llegada, trajiste de vuelta los fantasmas de mi pasado. Un
pasado que habría jurado y perjurado que ya había olvidado. Sin embargo,
estaba ahora frente a mí, y en vez de ignorarlo y seguir con mi vida,
me aferraba cada día, cada hora, cada segundo mas y mas, deseando
con todo mi corazón recuperarlo, tener una segunda oportunidad para
estar contigo. Pero, a pesar de mis fuertes deseos, nunca tuve el valor
de acercarme a ti por miedo al rechazo, al olvido, a tu indiferencia.
Todo eso, antes de esta carta. Aunque debo agradecer al profesor por darme esta oportunidad. Recuerdo que hace unas semanas llego con una sonrisa de oreja a oreja diciéndonos que tenia una nueva actividad para nosotros. Al parecer, una colega suya le había dado la idea de hacer un pequeño juego titulado "El amigo Secreto" para esta navidad.
Este consistía en que, apoyándonos de una pequeña ruleta, se sorteaban los nombres de cada uno de los miembros de la clase, a la persona que te tocara le tenías que escribir una carta y darle un pequeño presente, claro todo esto de manera anónima "para hacerlo más interesante" según el profesor. Así que, ahi tienes el porque de todo esto. Solo unas cuantas palabras, que si bien, para ti resultan tediosas y sin sentido, para mi lo son todo, ya que en ella he puesto mis sentimientos. Apostando todo con el fin de que te lleguen aunque sea un poco.
Te he amado siempre y lo seguiré haciendo hasta el fin de los tiempos.
Eso es lo único que tengo por decir.
Un saludo muy ameno.
Tu Amiga Secreta.
PD.
Espero y te guste el regalo. Tengo entendido que el búho es tu animal
favorito, o al menos lo era hace ya tiempo. Como sea, deseo que sea de
tu agrado.
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En
un día nublado de invierno, dentro de una habitación en un sencillo
departamento, se encuentra una jove sentada al pie de
la cama, sus piernas se encuentran pegadas a su pecho y con sus brazos
envuelve sus rodillas en un inconsciente instinto protector. En una de
sus manos sostiene una hoja arrugada y garagoleada por ambos lados,
mientras que en su otra mano aprieta contra si, un fino
brazalete de plata con un pequeño dije en forma de búho hecho de oro
blanco.
Un
pesado aire de nostalgia mezclada con desesperación inunda la
habitación. La joven tiene los ojos cerrados, mientras que finas
lágrimas ruedan por sus mejillas. Suelta un
suspiro y el cielo parece entenderla. Entonces, apiadándose de su dolor, comienza a llorar finas gotas que poco a
poco se convierte en una tormentosa lluvia que moja su cristal.
Lentamente, abre los ojos y conforme lo hace susurra 3 palabras que le nacen desde el fondo de su corazón.
“…Que tonta eres…”
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