Con los años II


Capítulo 2: Seis Años

Elena podía conseguir de ella todo lo que quisiera. Todo. Cualquier cosa. Era el único ser humano sobre la faz de la tierra que podía lograr que hiciera cosas que en realidad no quería hacer. Cosas aburridas, cosas asquerosas, cosas increíblemente estúpidas. 

Todo tipo de cosas, Elena se salía con la suya una y otra vez, y ella le seguía a ciegas. Y había sido así desde la primera vez que le había puesto pucheros y le había mirado de aquella forma. Desde entonces caía sin remedio. 

Haría cualquier cosa por ella y no podía imaginarse como habría sido su vida si aquel primer día no hubiera estado tan ansiosa por probar las galletas de la niña nueva que hablaba raro. Daba gracias a dios por aquel primer día cada vez que Elena le sonreía, cada vez que Elena le besaba, cada vez que la veía absorta en algún programa de la televisión o con el ceño fruncido leyendo un libro.

Respirar, era todo lo que Elena tenía que hacer para que ella diera gracias una y mil veces porque una inteligencia superior la había cruzado en su camino hacía veinte años. A Elena Bastida. La misma Elena Bastida que había llorado amargamente porque un par de semanas después de haberse conocido su mamá le había cambiado el almuerzo y ya no tenía las galletas deliciosas y pensó que eso significaba que dejarían de ser mejores amigas. Y lo hubiera significado en condiciones normales, pero con Elena nada era normal. Y aquel día a Daniela podían haberle ofrecido miles de millones de kilos de galletas deliciosas o helados gratis para el resto de su vida, aquel día podían haberle ofrecido el mundo en bandeja y nada, nada hubiera podido hacer que lo intercambiara por su amistad con Elena. Nada. 

Inseparables, así habían sido desde entonces. Siempre una en la casa de la otra o las dos explorando los alrededores porque Ivan, el hermano de Daniela, les había dicho que en el bosque cerca de su casa había duendes verdes. Los fines de semana siempre tenían algo que hacer, a Elena siempre se le ocurría algo por lo que debían verse. ¿Dos días separadas? ¡Ni hablar! Lloraban, pataleaban y aguantaban la respiración hasta ponerse azules. Lo que hiciera falta para que sus padres cedieran a llevarlas a la casa de la otra. Y casi siempre lo conseguían. Eran muy persuasivas, sobre todo Elena.

Su amistad era cada vez más fuerte y mucho más profunda. Todo lo profunda que podía ser la amistad entre niñas de cinco años. Y soñaban con el día en que cumplieran los siete porque Ivan tenía siete años y sus papás le dejaban irse con sus amigos con la bicicleta. Eso significaba que podrían verse siempre que quisieran, porque sus casas no estaban muy lejos. Y aunque lo estuvieran, Daniela hubiera pedaleado hasta el fin del mundo. 


Daniela y Elena a los seis años…

¡Viernes! ¡Viernes por fin! Y no era un viernes cualquiera, sus papás le habían dejado pasar el fin de semana en casa de Elena. La pequeña Dani pegó su cara y sus manos a la ventanilla del coche en cuanto divisó la silueta de la casa de su mejor amiga. Fue totalmente involuntario pero una risita impaciente escapó de sus labios y esto llamó la atención de su mamá. 

- Dani- escuchó que le llamaba su madre Ingrid volviéndose ligeramente en el asiento del copiloto- Espero que recuerdes lo que me has prometido- señaló.

- Si, me acuerdo- sacudió la cabeza la pequeña- Me voy a portar bien- aseguró.

- Espero que Laura no tenga que llamarme- advirtió de nuevo colocándose bien en su asiento. 

¡Qué poca fe en la espacie humana mamá! Dani miro el respaldo del asiento por unos segundos, pensativa. Si tenía que decir la verdad no podía asegurar que Laura no tuviera que llamar a Ingrid… ¡a veces las cosas escapaban de su control! Y más cuando Elena y ellas estaban juntas. ¿Quién iba a pensar que tener una mejor amiga resultaba ser tan divertido? A lo mejor era divertido porque su mejor amiga era Elena…porque no le parecería nada divertido si su mejor amiga fuera Rosa, por ejemplo. Buff Rosa…clase de primaria y aun mezclando la plastilina. ¡Crece de una vez!

Una sonrisa enorme apareció en su cara cuando localizó a Elena saludándola desde el porche de su casa, su amiga le había dicho que iba a esperarle fuera pero no le había creído porque hacía un poco de frío. Cuando José acercó más el coche Dani pudo ver que la punta de la nariz de la morena estaba un poco roja, la pequeña daba pequeños saltitos impaciente por tener a su mejor amiga junto a ella. Dani le saludó con la mano tratando de soltarse el cinturón y saltar del coche en marcha pero… ¡Maldita sea!, aquellas cosas eran a prueba de niños…Ingrid y José sabían lo que se hacían. Tendría que esperar… 

*****

“Pórtate bien”, “Que no me entere yo que has desobedecido a Antonio y a Laura”, “Hazles caso en todo lo que te digan”. Un beso. Dos besos. Tres besos. ¡Mamá! Es la casa de Elena, no voy a estar esquivando balas ni nada de eso…Buff…amor de madre. 

Por fin Elena y ella despidieron el coche de los Santiago con Laura en la retaguardia. Cuando el vehículo se perdió de vista la madre de Elena les guió al interior de la casa y las dos subieron a la velocidad de la luz a la habitación de la morena. Dani dejó la mochila que su madre le había preparado sobre la cama de su amiga. 

- Tenemos que ir ahora Dani…enseguida se va a hacer de noche- dijo la morena mientras su vista se perdía por la ventana.

La pequeña castaña corrió a su lado pegándose al cristal también.

- Pero… ¿seguro que lo has oído?- frunció el ceño mirando de reojo a la morena.

- Seguro. Lo he oído tres días seguidos. ¿Tienes miedo?- inquirió en tono serio.

- ¡Claro que no!- lo negó la castaña a pesar de ser la mentira más grande que había contado jamás.

- Vale. Yo sí. Entonces tu irás primero- decidió Elena caminando hacia la puerta- ¡Vamos!- le exigió y Dani tuvo que seguirla tragando saliva. Elena conseguía de ella todo lo que quería. 

Bajaron al piso inferior y le dijeron a Laura que iban a jugar en el jardín. La mujer se aseguró de que fueran correctamente abrigadas y les hizo prometer que no abandonarían el recinto. Wow Elena sabía mentir muy bien…

Salieron al exterior y Elena observó a su amiga mientras esta miraba a un lado y a otro. 

- Ayer lo oí por allí- señaló un lugar a su derecha.

- Pero… ¿qué es?- inquirió la castaña siguiéndola.

- No lo sé…pero gruñe- le informó.

- ¿Gruñe?- trató de mantener su voz firme.

- Sí. Así…Grrrrrrr. Grrrrrr- le hizo una demostración parando cuando llegaron al límite del jardín de la casa de los Bastida. 

La verja no era muy alta y la morena le cedió el turno a Dani. Había dicho que no tenía miedo así que no le importaría saltar primero hacia lo desconocido. A pesar de que sí que le importaba, Dani no pudo decepcionar a su mejor amiga. Ya había dicho que no le daba miedo la criatura extraña que gruñía por las cercanías de su casa, no podía echarse atrás en aquellos momentos. Segundos después Elena estaba con ella al otro lado de la verja. Madre mía…esperaba que a Laura no le diera por salir a buscarlas en un rato. 

Caminaron durante unos minutos, sin alejarse demasiado de la verja, Elena decía que siempre había oído el ruido cerca. Evidentemente Dani iba primero y sentía como la morena se aferraba con fuerza a la espalda de su abrigo, podía escuchar su respiración muy cerca de su oído. Bah…Lena era una miedica. ¡Vale! Ella también, pero al menos no lo decía. De pronto Dani pudo escuchar el sonido que tantas veces le había descrito la morena en los últimos días. No era tan escalofriante como se había imaginado…su amiga era un pelín exagerada. Pero aun así… ¿qué demonios hacía ese sonido?

- ¿Lo oyes?- le preguntó Elena en un susurro.

- Aja-asintió la castaña intentando orientarse. 

De pronto escucharon algo moverse entre la maleza y los pequeños puños de Elena apretaron aún más el abrigo de Daniela. Las dos pequeñas estaban completamente quietas y respirando muy, muy deprisa. ¿Y si era un lobo? ¿O un oso? O… ¡Oh Santa Madre de Dios! Las dos dieron un grito y un bote tan grande al verlo aparecer entre las hierbas que terminaron de culo en el suelo. Sus corazoncitos latiendo a toda velocidad. Era…un perro.

- ¡Es un perrito!- exclamó Elena recuperándose rápidamente e incorporándose mientras Daniela aún esperaba a que su cuerpo decidiera si iba a desmayarse o no- Hola perrito…-saludó al animal que parecía muy contento de verla a pesar de no conocerla de nada- Dani…es un perrito- le informó a su amiga como si ella no pudiera verlo con sus propios ojos. 

El animal abandonó el lado de la morena y se acercó a Daniela tratando de chuparle la cara, la castaña salió del shock para impedir que lo hiciera mientras reía aliviada por no haber sido devorada por un oso o por un lobo. 

*****

Habían intentado colar a Skippy dentro de la casa de Elena sin que Laura se percatara de nada pero les había pillado nada más entrar por la puerta, las madres tienen un sexto o un séptimo sentido para esas cosas y nada, nada, les pasa desapercibido. En un principio les había ordenado que se deshicieran de Skippy pero Elena se había puesto a llorar como nunca jamás la había visto llorar antes. Ni siquiera cuando los niños de clase se burlaban de lo raro que hablaba. Aquellas sí que eran lágrimas de verdad. Sí, señor. Como resultado Laura se había comprometido a consultarlo con Antonio cuando este llegara a casa por la noche. De momento el perrito se quedaba en el garaje. Milagrosamente y en cuanto Laura se perdió de vista, las lágrimas de Elena desaparecieron tan rápido como habían aparecido y fueron sustituidas por una enorme sonrisa de satisfacción. Wow… ¡que maestría en el campo del chantaje emocional! ¡Tenía tanto que aprender de Elena aún! El perrito se quedaba, tan seguro como que el sol saldría al día siguiente. Antonio no sabía decirle que no a su única hija, Daniela no podía reprochárselo, Elena sabía poner una carita de pena que era irresistible. Ponía un poco de pucheros y se metía a quien fuera en el bolsillo. Incluida a ella. 

Resultó que Antonio iba a llegar tarde aquella noche y ellas dos tuvieron que irse a la cama a regañadientes. Daniela estaba muy emocionada porque era la primera vez que iba a dormir fuera de su casa. En otra cama. En la cama de Elena. En la gigantesca cama de Elena. En la gigantesca y extremadamente blandita cama de Elena. Era como dormir en una nube. Al menos eso decía la morena y ella se burlaba al escucharla porque… ¿hola?, nadie sabe cómo es dormir en una nube ¿no? ¿A quién quieres engañar morenita?

Daniela hurgó en su mochila hasta localizar su pijama y lo dejó sobre la cama. Frunció el ceño al escuchar la estridente risa de Elena. Esa que utilizaba solo para burlarse de ella.

- ¡Que pijama más fea!- rio la morena dejándose caer sobre la cama sujetándose la tripa con los brazos.

- No es feo. ¡Tú eres fea!- se molestó Dani mirando su pijama de ositos.

- No. ¡Tú eres fea!- rebatió Elena sentándose en la cama.

- ¡Yo seré fea pero tú eres más fea que yo!- le chinchó Dani- Es imposible ser más fea que tu- añadió.

- ¿Y Rosa?- frunció el ceño Elena.

- Ah sí…Rosa es más fea que tu…-tuvo que reconocer la castaña y las dos se rieron tras un momento de silencio- Enséñame tu pijama- le pidió y Elena gateó hasta la cabecera de su cama y lo sacó de debajo de la almohada.

- Me lo regalo mi abuela… ¿te gusta? Tiene gatitos ¿ves?- indicó acercándoselo para que pudiera apreciar los dibujos. Lo puso tan cerca de su cara que obligó a la castaña a retroceder riendo.

- Seguro que a Skippy no le gustan los gatitos- opinó Dani.

- Seguro que no- estuvo de acuerdo la morena. 

Se lavaron los dientes de puntillas frente al lavabo poniéndose caras raras en el espejo y riéndose la una de los gestos de la otra. Cuando terminaron Elena salió disparada hacia su cama saltando sobre ella y gateando rápidamente hacia la cabecera, retiró las sábanas y se coló dentro. 

- Te dejo que elijas el lado que quieras- le dijo a su amiga que le miraba de pie a los pies de la cama.

- ¿El que yo quiera?

- Si, eres la invitada- explicó esperando que Elena decidiera cuál era su lado favorito.

- ¡Vale!- exclamó alegremente saltando sobre el colchón y gateando hasta colocarse a la izquierda de Elena. Se tumbó boca arriba mirando el techo y la morena le miró frunciendo el ceño, parecía estar meditando.

- ¿Qué estás haciendo?- inquirió.

- Pensar que lado me gusta más- explicó la pequeña castaña como si fuera obvio.

Se incorporó pasando sobre Elena provocando sus protestas enmascaradas por risas por su brusquedad, y se acomodó a su derecha mirando el techo de nuevo. 

- ¿Cuál te gusta más?- quiso saber la pequeña morena.

- Mmmm…me gustan igual de mucho- decidió colándose entre las sábanas- Es verdad que es como dormir en una nube- sonrió acomodándose sobre la almohada.

- ¡Te lo dije!- le recordó Elena volviéndose de lado para poder mirar a su amiga. Dani hizo lo mismo- Pero tienes que tener mucho cuidado- le dijo en un susurró. Y el ceño de Daniela se frunció ante el tono utilizado por la morena.

- ¿Por qué?- temió preguntar también en voz muy baja.

- Porque creo que hay monstruos debajo de la cama- le reveló- Tienes que taparte mucho con las sábanas para que no te atrape…-le dio instrucciones- Hasta la barbilla. Así- le hizo una demostración.

- Pero por las noches me destapo porque me muevo mucho…-señaló Dani realmente preocupada por la posibilidad de que las palabras de Elena fueran ciertas.

- Entonces te llevaran los monstruos- se encogió de hombros la morena.

- ¡Elena! ¡No quiero que se me lleven los monstruos!- exclamó acercándose más a su amiga.

- Pues no te destapes- le dio la solución.

- No me gusta dormir en tu casa- le informó y la morena sonrió al verla tan asustada.

- Pensaba que Daniela Santiago no le tenía miedo a nada- se burló y la castaña le miró molesta.

- ¿Te lo has inventado?-inquirió.

- Si- soltó una risita Elena- Y tú te lo has creído- le acusó- No hay monstruos tonta, los monstruos no existen- le informó.

- ¿Y cómo lo sabes que no existen?- desconfió Dani.

- Me lo ha dicho mi papá- reveló la fuente de su sabiduría.

- Ah…-pareció quedarse más tranquila la castaña. Antonio parecía ser un hombre listo, si él decía que los monstruos no existían seguramente tenía razón.

- Además no dejaría que los monstruos se te llevaran, eres mi mejor amiga, tengo que defenderte- le recordó.

- ¿Las mejores amigas tienen que defenderse de los monstruos también?- frunció el ceño la castaña. Ella no sabía nada de eso, se lo hubiera pensado mucho más de haberlo sabido. 

- Claro que sí. Tú me tienes que defender a mí y yo te tengo que defender a ti. De todo- puso en claro Elena- Siempre- matizó.

- ¿Siempre?- inquirió.

- Siempre- repitió la morena seriamente.

- ¿Y de todo?- preguntó. ¡Cuánta responsabilidad! Ella solamente había querido comerse aquellas deliciosas galletas…madre mía.

- Si, de todo- confirmó. 

Dani no contestó nada y Elena ya había cerrado los ojos dispuesta a dormirse de modo que continuó en silencio, mirando a su amiga y pensando en lo que le había dicho. Y llegó a una conclusión, ella defendería a Elena incluso en el caso de que aquello no entrara dentro de sus deberes como mejor amiga. No podía dejar que le sucediera nada. ¿Con quién buscaría caracoles? ¿Con quién diseñaría planes altamente sofisticados para robar las chocolatinas que su madre escondía en el armario más alto de la cocina? ¿Con quién se reiría hasta que le doliese la tripa porque a su vecino se le bajaban los pantalones al agacharse cuando arreglaba su jardín y se le veía un poco el trasero?

Laura entró poco después para comprobar que todo estuviera en orden y besó a las dos niñas en la frente al encontrárselas metidas dentro de la cama ya. Les dio las buenas noches a ambas antes de salir entornando la puerta. 

Dani cogió la mano de su amiga en cuanto las tinieblas invadieron el cuarto de nuevo y vio que Elena sonreía sin abrir los ojos. 

- Te he dicho que no hay monstruos Dani- musitó ahogando un bostezo.

- Me da igual, si es mentira y me llevan, tú te vendrás conmigo- señaló apretando su pequeña manita. 

Elena se limitó a devolverle el apretón. Y Daniela cerró los ojos más tranquila. No le daba tanto miedo la perspectiva de vivir entre monstruos si Elena iba a estar con ella.

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