Con los años I
CON LOS AÑOS
Capítulo 1: Cinco
Años
Elena y Daniela. Daniela y Elena. Había sido así desde el principio. No recordaba un tiempo en que Elena no hubiera estado presente en su vida. Su mejor amiga. Lo sabían todo la una de la otra. Todo, en serio.
Elena y Daniela. Daniela y Elena. Había sido así desde el principio. No recordaba un tiempo en que Elena no hubiera estado presente en su vida. Su mejor amiga. Lo sabían todo la una de la otra. Todo, en serio.
Sabía cuál había sido su serie de dibujos
favorita, porque la habían visto juntas en casa de una o de otra mientras tomaban la merienda que les habían preparado sus madres. Sabía cuándo a Elena se le había caído
el primer diente porque ella estaba allí para burlarse de la pequeña pelinegra
hasta hacerla llorar, no estaba orgullosa pero los niños pueden ser muy crueles
a veces, de todas formas a la semana siguiente uno de sus propios dientes
decidió abandonar sus encías y ya la cosa dejó de tener gracia. A favor de
Elena había que decir que nunca se burló del nuevo espacio en su dentadura. Sabía
cuándo le habían dado su primer beso a Elena porque ella estaba allí para
derribar al niño en cuestión de un empujón tan fuerte que lo dejó llorando en
el suelo.
Había estado allí cuando se murió
su perro Skippy y Elena lloró durante días enteros y la morena había estado con
ella cuando se murió su abuelo y fue su turno para llorar. Había estado allí cuando el perro de
los vecinos de Elena persiguió al cartero y le mordió en el trasero y las dos
se habían reído durante horas. Podían pasarse horas riéndose juntas porque la
risa de Elena era muy contagiosa y hacía que ella se riera también y Elena
decía lo mismo de su risa de modo que podían estar riendo sin parar hasta que
les dolía la panza solo porque la otra lo hacía.
A los diez años planeaban casarse el mismo día,
en el mismo sitio y dar el banquete juntas. Una boda doble. A los catorce supieron que se casarían
el mismo día, en el mismo sitio y que darían el banquete juntas pero ya no iba
a ser una boda doble.
En las contadas ocasiones en las que no estaban
juntas la gente le preguntaba “¿Dónde está Elena?”, como si fuera lo más
extraño del mundo ver a la una sin la otra. A Elena le pasaba lo mismo, la
gente le preguntaba “¿Dónde está Daniela?”. Y era raro, era raro estar sin
Elena. Lo más extraño del mundo
No recordaba un tiempo en que Elena no estuviera
presente en su vida, pero recordaba el primer día que la había visto. La gente
decía que era imposible que recordara con tanto detalle algo que había sucedido
cuando ella tenía apenas cinco años, pero no era imposible, se acordaba con una
claridad absoluta.
Daniela y Elena a los cinco años…
Daniela paseó su vista por la clase de kinder II. Conocía a la mayoría de sus compañeros del año anterior,
la mayoría habían ido juntos a la guardería. En aquella pequeña ciudad en la
que vivía no había muchas guarderías de modo que no era extraño. Para cualquier
ojo inexperto, la pequeña Dani solamente dibujaba en una hoja con las pinturas
de colores, pero en realidad se encontraba sopesando a quien le robaría el
almuerzo aquel día. Su mamá le había vuelto a dar una manzana. ¡Una manzana!
¿Eso era comida? ¿En serio mamá?
Localizó a Noel en una esquina tratando de
construir con los Legos la torre más alta que hubiera visto aquella clase de
infantil. Ummm…la mamá de Noel le solía preparar unos sándwiches
riquísimos…pero ya le había quitado su almuerzo el día anterior y tampoco
quería que el pobre niño se quedara raquítico por culpa suya. ¡Era tan bondadosa!
Pasó su vista a Rosa que jugaba con un
enorme bloque de plastilina multicolor. Rosa, Rosa… ¿cuántas veces te ha dicho
la señorita que no se mezclan los colores de la plastilina? Dani sacudió la
cabeza dando a su compañera por imposible, iba a pasarse otro recreo mirando la
pared. Aquella niña no aprendía jamás. Una vez la propia Dani había mezclado la
plastilina y luego le había echado la culpa a Rosa y como Rosa lo hacía siempre
la señorita le había creído y la pobre se había quedado sin salir al patio.
Ummm…la mamá de Rosa solía prepararle un surtido delicioso de galletitas
saladas. Se relamió solo de pensar en las galletitas saladas de Rosa. Era una
posibilidad.
Junto a Rosa y también jugando con la
plastilina se encontraba Jesús, los bollitos rellenos de crema de Jesús eran un
manjar y…
La voz de la señorita le sacó de sus pensamientos de matona roba almuerzos.
Levantó la vista solo para ver como una señora desconocida para ella entraba a
la clase sujetando la mano de una niña morena que caminaba tímidamente a su
lado. La pequeña escondió su cara en la pierna de su madre en cuanto la voz de
la señorita atrajo todas las miradas de los niños sobre ellas. Uh…otra pequeña presa a la que robar el almuerzo. Genial.
La señorita la presentó como Elena Bastida
y todos los niños repitieron a coro “Hola Elena” tal y como les habían enseñado
a recibir a las nuevas incorporaciones. La tal Elena se puso un poco roja antes
de contestar con un tímido gesto de la mano. Un poco de charla entre la maestra
y la señora Bastida y después la mujer se agachó delante de la pequeña para
despedirse antes de abandonar la clase. ¡Madre mía que drama! Elena se aferraba
a su cuello como si la vida le fuera en ello. ¡Vamos niña! Es solo una clase de kinder y quiero saber que has traído de almuerzo.
Por fin la señora Bastida se marchó y
Elena le dio la mano a la señorita paseando su mirada nerviosa por la clase. Se
dejó llevar hasta el lugar donde Rosa y Jesús jugaban con la plastilina. ¡Ay
Rosa! Se te ha caído el pelo maja…Dani sonrió cuando la señorita comenzó a regañar
a la niña porque “la plastilina no se mezcla”. Claro que no. Aun así no la
castiga sin recreo… ¡¿Por qué no?! Que injusta es la vida…
Vio a la tal Elena sentarse junto a Rosa y
Jesús dispuesta a jugar un poco con la plastilina. La morena dijo algo que Dani
no logró escuchar por la distancia que les separaba pero nada más abrir la boca
Rosa y Jesús se habían echado a reír señalando a Elena con el dedo y burlándose
de ella por alguna razón desconocida. Después se habían levantado a toda
velocidad dejando a la nueva sola y mirando la plastilina. Oh, oh…iba a llorar
seguro.
Ya se sabe cómo son las clases de niños, allí las noticias corren como la pólvora, y en cuestión de segundos
todos miraban a Elena de reojo y soltaban risitas diciéndose cosas al oído.
Dani miraba a los niños crueles y a Elena. A Elena y a los niños crueles. ¿De
que podían reírse? No podían llamarla cuatro ojos porque no llevaba gafas. No
podían estar burlándose de su aspecto físico, era una niña muy bonita. Ummm…un
misterio. Hasta que Raúl, el “corre ve y dile” más eficaz de aquel lado de la
escuela llegó hasta donde ella se encontraba “pintando” y se lo dijo riéndose
entre dientes. “La nueva habla raro”.
¿La nueva habla raro? Igual que había
llegado Raúl se desvaneció en busca de otros compañeros que aún no se hubiesen
enterado de que la nueva hablaba raro.
Ajá…tal y como sospechaba, Elena estaba
llorando aún sentada junto a la plastilina. Dani jamás había visto lagrimones
de ese tamaño salir de los ojos de nadie y eso que ella había hecho llorar a
casi todos los niños de aquella clase. Cambió el color de la pintura que
sostenía entre los dedos. Resultaría sospechoso que llevara más de un cuarto de
hora con la roja en la mano. Eligió la verde mientras sus ojos seguían
observando a “la nueva que hablaba raro”.
Por fin la señorita se dio cuenta del
drama que se estaba viviendo en su aula y acudió al lado de Elena, aquella morena
necesitaba ingerir algo de líquido o acabaría deshidratándose. Ella y la
señorita hablaron por un rato. La señorita no se reía de la forma en que
hablaba…o bien no hablaba tan raro o su profesora sabía aguantarse la risa como
una profesional. Una de dos.
Bueno, al menos Elena ya no lloraba. Solo
se sorbía la nariz y le había dado un poco el hipo del disgusto que llevaba
encima. A Dani le gustaría decir que le daba pena pero si tenía que ser sincera
consigo misma aún seguía preguntándose qué le había preparado su mamá de
almuerzo. Lo descubriría más adelante, en la hora del recreo.
Uh…la señorita estaba dando palmas para
captar la atención de todos los allí presentes. Veinte pares de ojos se posaron
en la profesora y en “la nueva que hablaba raro”. Las dos estaban subidas a la
tarima de la clase y Elena parecía ir a echarse a llorar de nuevo porque
algunos de sus compañeros seguían riéndose y señalándola.
- ¡No quiero oír ni una risita más!-
exigió la maestra en un tono que hizo que la clase se quedara en completo
silencio. Solo podía oírse el hipo de la nueva- Elena no habla raro…-comenzó a
explicar.
- ¡Si habla raro! ¡Parece que tiene la
lengua de trapo!- señaló Rosa ganando la risa de casi todos sus compañeros.
- ¡No es verdad!- exclamó de repente Elena-¡Soy de España tonta!
Wow…era cierto que hablaba raro. Dani no
pudo evitar soltar una risita ante aquel acento tan extraño. Pero enseguida se
quedó seria de nuevo. ¿Qué pondrían las madres de España para almuerzo a sus
hijos?
Unas risitas por aquí, una bronca de la
profesora por allá y todo solucionado. Bueno, solucionado no. Eran niños de
cinco años y estarían burlándose de la forma de hablar de Elena para siempre
jamás, pero de forma discreta, sin captar la atención de la maestra de nuevo.
Sabían hacerlo bien. Elena se
sentó sola en una de las mesas y tomo una hoja blanca y unas pocas
pinturas. A lo mejor ella iba a pintar de verdad y no solo a fingir que lo
hacía. De vez en cuando su cuerpecillo daba un pequeño bote a causa del hipo y
Dani sonreía divertida cada vez que eso pasaba, aquel año de primero de kinder no iba a ser aburrido para nada.
*****
Por fin, hora del recreo. Los niños
salieron como estampida al patio, enorme y todo suyo. Segundos
y todos los columpios estaban ocupados, risitas y gritos llenándolo todo y cada
uno de sus compañeros tratando de comerse su almuerzo a la velocidad de la luz.
Sabían que Dani andaba cerca y no querían correr el riesgo de regresar a la
clase con la panza vacía.
La pequeña castaña caminó tranquilamente
por entre sus compañeros mirando divertida como se metían su almuerzo a presión
en sus pequeñas bocas. Bah…no tenía prisa, le interesaba localizar a la nueva,
a Elena. Le intrigaba en que podía consistir su almuerzo, un almuerzo de España.
No tenía idea de donde estaba España, pero si la comida allí era tan rara como
la forma de hablar de la morena valía la pena probarlo. Solo por curiosidad.
Oh…allí estaba, sola, sentada en una de
las mesitas que nadie usaba durante los recreos, en una esquina del patio. A
Dani se le hizo la boca agua en cuanto localizó la bolsita que colgaba de las
manos de la nueva. Allí debía guardar su misterioso almuerzo. ¡Pero qué
demonios! Uhhhh David…si sabes lo que te conviene dejaras esa bolsa en
paz…pensó al ver a su archienemigo acercarse a la morena con paso decidido.
David se pensaba que podía quitarles el almuerzo a sus compañeros así como si
nada… ¡JA! Dile a tu mamá que te ponga una bolsa doble rubito, este patio es de
Daniela Santiago.
Elena vio como un niño se acercaba y le
miró un tanto desconfiada. Igual iba a reírse de ella otra vez.
- ¿Qué llevas en esa bolsa?- interrogó aquel pequeño y Elena bajó la vista a la
bolsa que su mamá le había preparado aquella mañana.
- Eh…mi almuerzo. Creo que mi mamá me ha puesto unas galletas- admitió- ¿Tú no
tienes almuerzo?- se extrañó al verle con las manos vacías- Si quieres podemos
compartirlo- ofreció comenzando a sacar su paquetito de galletas.
En un rápido movimiento David le arrebató la bolsa de las manos.
- ¡Ey!- protestó Elena mirándole molesta- ¡Dámelo! ¡Es mío!- intentó
recuperarlo pero David le empujó y ella acabó sentada en el suelo y con las
palmas de las manos doloridas por la caída.
No la había visto llegar pero una niña castaña había salido de la nada y en aquellos momentos su agresor estaba
tumbado en el suelo y la niña mantenía su pie sobre su pecho
impidiéndole incorporarse y huir.
- David…-fue todo lo que necesitó decir en un tono no muy amigable. Extendió su
mano y el pequeño matón le entregó la bolsa de su almuerzo sin rechistar. Elena
miraba la escena boquiabierta desde su posición en el suelo- Lárgate- dijo la
niña liberando al matón del peso de su pie. Y aquel niño desapareció
como alma que lleva el diablo. Wow…
La niña castaña se volvió hacia ella con
la bolsa de su almuerzo en las manos. Y se la tendió sin decir una palabra.
Elena se levantó del suelo recuperando su almuerzo y sonriendo a su salvadora.
- Gracias- le dijo educadamente- Son galletas. Si quieres podemos compartí…
- Dámelo- le ordenó con la misma voz con que había hablado al tal David. Elena
frunció el ceño completamente descolocada. ¡Pero si acababa de devolvérselo!-
Dámelo. Tengo hambre- exigió.
- Pero es mi almuerzo…-protestó la morena- Te puedo dar alguna galleta y
podemos ser amigas- sugirió.
- No quiero ser amiga tuya…quiero tu almuerzo- contestó Daniela.
- ¿Y porque no le pides a tus amigas que te den un poco del suyo?- frunció el
ceño la morena aferrándose a su bolsa. Aquella niña castaña no tenía derecho
a comerse sus galletas y menos si no quería ser amiga suya.
-No quiero tener amigas, solo almuerzos- clarificó la castaña.
- ¿No quieres tener amigas?- alzó las cejas Elena completamente atónita- ¿Y con
quien vas a jugar?- interrogó.
- Con nadie- se encogió de hombros Dani.
- ¿Con nadie? Eso es un poco aburrido ¿sabes? Yo tengo una mejor amiga que se
llama Megan, pero se ha quedado en España con sus papás- le explicó y Dani le
miró sin decir nada. ¿Por qué aquella niña que hablaba raro se pensaba que le
interesaba su vida dos pepinos? Pero por alguna extraña razón se quedó allí de
pie escuchándola- Mira, si quieres compartimos mis galletas. Saben muy ricas-
ofreció sentándose en la mesa y sacando por fin su almuerzo de la bolsa.
Dani miró alrededor asegurándose de que
nadie le viera socializando con “la nueva que hablaba raro” y se sentó junto a
ella en la mesita. Vio como desenvolvía sus galletas, mmmmm…de chocolate y
crema por dentro, sus favoritas. Elena se rio alegremente al ver su cara y
posiblemente al verla babeando por aquellas deliciosas galletas.
- ¿Quieres que seamos mejores amigas? Te
daré de mis galletas todos los recreos si lo somos- probó suerte de nuevo la
pequeña morena.
Dani miró las galletas y a Elena. A Elena y las galletas. Le diría que sí, se
comería las galletas y luego si te he visto no me acuerdo. ¡Que mente más
brillante Santiago!
- Vale- engañó a Elena y se sintió un poco culpable al ver como los ojillos
azules de la morena se iluminaban porque tenía una mejor amiga. A lo mejor ser
una mejor amiga no era tan malo al fin y al cabo.
- ¡Vale!- exclamó poniendo sus galletas en medio de la mesa para que ambas
pudieran llegar a ellas- Coge una, verás que rica- le animó mientras se metía
una entera en su pequeña boca y le sonreía.
Dani le miró y no pudo evitar reírse al
ver alguno de sus dientecillos manchados de chocolate mientras le sonreía
ampliamente. Cogió una de las galletas y le dio un mordisco. ¡Madre mía!
¡Estaban deliciosas!
- Ahora que somos mejores amigas… ¿puedo sentarme contigo en la clase?- le
preguntó la morena mientras observaba como su nueva amiga degustaba su galleta.
- Bueno…-se encogió de hombros la castaña- ¿Qué más hacen las mejores
amigas?- quiso saber exactamente en que se estaba metiendo. Por seguir
comiéndose aquellas galletas estaba dispuesta a casi todo.
- No sé…se sientan juntas en clase, y juegan juntas y se cuentan secretos-
enumeró la pequeña pensando en que hacían ella y Megan.
- Ah…vale- accedió Daniela metiéndose otra galleta a la boca. No parecía ser
tan difícil.
*****
Habían regresado del recreo hacía casi una
hora y los niños ya se habían cansado de burlarse de que Dani era amiga de “la
nueva que hablaba raro”. La pequeña castaña miraba de vez en cuando a Elena
que estaba totalmente concentrada en un dibujo a medio terminar. No le había
querido decir que era el dibujo, era una sorpresa. Sonrió un poco cuando vio a
la morena con el ceño fruncido y con la lengua medio sacada mientras realizaba
la parte más difícil de su obra de arte. Los gestos de aquella niña eran muy
divertidos y sus galletas deliciosas. A lo mejor iba a gustarle ser la mejor
amiga de Elena Bastida
- ¡Ya está!- exclamó la morena dejando a
un lado la pintura amarilla- Ya lo he terminado…-le informó a Dani- ¿Tú has
terminado el tuyo?- quiso saber.
Ese había sido el trato, hacer un dibujo cada una. Dani solo había aceptado porque
hacer un dibujo de verdad era más entretenido que fingir estar haciendo un
dibujo. Elena le había dicho que al terminarlos se los regalarían la una a la
otra porque eso era otra cosa que hacían las mejores amigas por lo visto. ¡Qué
rara era la amistad!
- Si, yo también lo he acabado- admitió Dani. Hacía lustros que lo había
terminado.
- Yo te lo regalo primero ¿vale?- le pidió la opinión la morena tendiéndoselo
con los ojos brillantes por la excitación de si le gustaría su dibujo.
Elena lo cogió y lo miró. Wow…Elena había puesto mucho esfuerzo en aquel
trabajo. Había una casa al fondo, árboles, un sol gigante y luego en primer
plano había un muñeco un tanto desfigurado con las piernas demasiado cortas y
los brazos demasiado largos, unos puntos verdes por ojos y un borrón café…¿el
pelo? A su lado había otro muñeco igual de feo pero con unos puntos azules por
ojos y un borrón negro por pelo.
- ¿Te gusta? Somos tú y yo en mi casa. Puedes venir a jugar siempre que
quieras.
Dani le miró en silencio pensándose si decirle que de ninguna forma aquel
espantajo era ella, pero vio el brillo esperanzado en los ojos de Elena y se
obligó a sonreírle.
- Si…es muy bonito- mintió.
- Si quieres lo puedes colgar en tu habitación- sugirió la pequeña morena
extremadamente contenta de que le hubiese gustado a su mejor amiga Daniela.
Si, ya, estate esperando.
- Toma…este es el que he hecho yo- le ofreció su hoja medio en blanco.
Elena la cogió sonriendo de oreja a oreja. Unas cuantas rallas negras. Frunció
el ceño al verlo.
- ¿Qué es?- tuvo que preguntar.
- Eh…rallas negras- señaló Dani sintiéndose algo incómoda. Elena se había
esforzado mucho más que ella. Estaba claro.
- Me gustan tus rallas negras Dani- sonrió la morena de nuevo- Las voy a colgar
en mi habitación- anunció con orgullo.
Wow…que niña más rara. Pero Dani sospechó
desde aquel momento que aunque Elena dejara de llevar aquellas galletas tan
deliciosas para compartir con ella durante los recreos no le importaría seguir
siendo su mejor amiga.
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